Críticas, Estrenos

Tres (Juanjo Giménez, 2021)

En Blow Out, una de las mejores películas de Brian de Palma, el ingeniero de sonido interpretado por John Travolta se veía envuelto en una conspiración criminal tras haber presenciado un accidente de coche mientras grababa efectos sonoros. Su profesión y su habilidad innata para oír lo que los demás no alcanzamos a oír, unidas a la curiosidad propia del voyeur, llevaban al personaje a obsesionarse por atar los cabos de una investigación que en principio se le escapaba de las manos. Si en esta fascinante obra estrenada en 1981 el personaje realizaba un trayecto desde dentro ―el trabajo de campo de un sonidista― hacia fuera ―el atentado cuyo sonido reproduce en su grabación―, la C de Tres, interpretada por Marta Nieto, realiza el trayecto contrario cuando descubre que escucha el sonido con un pequeño delay.

Por mucho interés y originalidad que pueda tener la propuesta sonora de Tres, el segundo largometraje de Juanjo Giménez, sus mayores virtudes residen en su vertiente más intimista. C, de profesión diseñadora de sonido, sufre ese retraso en la percepción del sonido como metáfora de su situación personal ―la profesional, en este caso, es consecuencia de los problemas en su vida privada, y comienza a cometer errores y a presentar los trabajos realizados fuera de sincro―, y la aparición de esa tara hará que indague en su pasado mientras observamos el acontecer de su desastroso presente a nivel afectivo. Giménez dispone con inteligencia varias opciones para explicar ese suceso, desde lo simbólico hasta lo fantástico, y descubrimos esas primeras dudas con el mismo temor y la misma intriga que el personaje protagonista en una investigación a priori cotidiana, tan banal como su existencia ―como decíamos, esta vez se propone un viaje desde fuera hacia dentro―.

La necesidad de aprovechar esa interesante premisa que tantas vías permite abrir a nivel sonoro, esos infinitos caminos por explorar, ofrece dispares resultados cuando se vuelve un tanto exhibicionista y las decisiones narrativas se tornan por momentos caprichosas. Pero también es justo reconocer que, aunque la entrada en el terreno fantástico sea fruto de una de esas decisiones torpes, el desarrollo de ese nuevo sendero termina por profundizar de forma muy apreciable en la parte más íntima y humana del relato. Porque, aunque Tres vaya a ser recordada por encima de todo por sus logros formales vinculados al trabajo de sonido, donde mejor se desenvuelve es en la construcción visual de la narración, en una simple pero delicada puesta en escena sin la que sería sencillamente imposible disfrutar de todo lo demás. Y, por más que sea una película intrigante y a ratos inteligente en el manejo del suspense y el misterio, encuentra sus mejores momentos en la calma ―y, esta vez sí, ¡en la ausencia de sonido!―, en la revelación pausada, en esa búsqueda que rara vez conduce a algún sitio pero que muestra con total precisión la situación en la que se encuentra sumida C.

Aunque los juegos espacio-temporales de Tres tiendan a agotarse muy pronto ―quizá eso justifique la arbitrariedad con que en más de una ocasión nos sorprende la patología de C―, en cada secuencia sobrevive el interés por la psicología del personaje y, más concretamente, por su relación con los espacios que transita. Muy lejos de compartir el entusiasmo generalizado que levantó la película en el Festival de Venecia, celebro obligadamente que hayamos hecho algo así en España, tan alejado de la coyuntura actual.

Leave a Comment