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Festival de Sevilla 2018 (2)

Albert Serra recoge en Roi soleil la temática y el personaje que comenzó a explorar en su largometraje anterior, La muerte de Luis XIV, aunque introduciendo en su nueva aproximación unos cambios aparentemente sencillos pero que acaban por ser nucleares para la construcción de la película. El primero de ellos sería la sustitución de Jean-Pierre Léaud por Lluís Serrat, habitual colaborador del cineasta desde Honor de cavalleria, de modo que el renombre del primero sea relevado por la familiaridad del segundo, condición que se descubrirá posteriormente como esencial para el éxito de esta obra. Otra de las variaciones presentes -ya no sólo respecto a su anterior filme, sino también en relación al resto de su trabajo cinematográfico- es que esta es la primera vez en la que Serra decide filmar una performance -que es lo que era, inicialmente, Roi soleil-. El cineasta relató en el coloquio posterior cómo decidió grabar la representación con el objetivo exclusivo de poder conservarla para él, por lo que utilizó una única cámara, pero en el proceso observó que las imágenes revelaban algo distinto, inaprensible en la actuación en vivo. Además, al no planificar el proyecto previamente como película, el resultado es -a priori- menos susceptible de reflejar sesgos e ideas previas.

La performance se representó en la Galeria Graça Brandao de Lisboa en períodos de cuatro horas repetidos durante siete días. El director rechazó conscientemente dar cualquier instrucción previa a Lluís Serrat, con el objetivo de mantener una pureza que permitiera que el significado se fuera elaborando delante de los ojos del público. Al no conocer de antemano qué se supone que debe suceder a continuación, el intérprete se veía obligado a esbozar su acción en cada momento inmediato, construyendo en cada iteración imágenes inéditas. De esta manera, Serra se transformaba en espectador de su propia película -él mismo afirma que vio por primera vez lo filmado en la sala de montaje-, esquivando así la posibilidad de que el resultado grabado se convirtiera en un mero documental de la performance realizada.

Curiosamente, gracias a todo ello se acaba explicitando en el metraje una cuestión puramente cinematográfica: la fluctuación entre actor y personaje, que contrasta con la forma en la que se manifiesta en las películas concebidas previamente como tal, donde el código lingüístico prescribe que en el universo delimitado por ellas sólo existe el personaje. En la obra de Serra, por el contrario, los gestos propios del intérprete, que únicamente le corresponden a él y a su manera de relacionarse con el mundo, logran penetrar en su actuación. Esto es especialmente notorio en el plano físico del ejercicio del actor, pues Lluís Serrat -al verse sometido a rutinas de horas y horas de esfuerzo ininterrumpido no pautado- perdía la noción del tiempo, lo que se traslada en la cinta a una sensación visual incómoda para el espectador, que se ve potenciada por la ambigüedad del espacio -una galería vacía y de cromatismo homogéneo- y del tiempo -agonía eterna-.

Sin embargo, Roi Soleil presenta también algunas ideas que no son insólitas en la filmografía de autor catalán -aunque en esta última cinta intente llevarlas a su máxima esterilización-: el director usualmente se opone a realizar ensayos con sus actores, y entiende la sensación anticlimática como idea nuclear de sus filmes. Este último planteamiento se opone a una línea tradicional del cine que busca crear organizaciones armónicas del espacio y tiempo, optando en su lugar por la atonalidad.

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