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Festival de San Sebastián 2018 – High Life

Una de las películas más esperadas de la Sección Oficial de la 66 edición del Festival de San Sebastián era el primer largometraje rodado en inglés por la directora francesa Claire Denis, en el que volvía a trabajar con la protagonista de su anterior película, Juliette Binoche, y añadía un actores jóvenes actualmente en alza, como son Robert Pattinson y Mia Goth. Si en Un sol interior, Denis se acercaba a la comedia romántica, con una estructura más anárquica, donde las relaciones se extendían y entremezclaban en consonancia con su mantenimiento en la mente de la protagonista; en High Life, la directora se aproxima a la ciencia ficción, y utiliza una estructura que tampoco es lineal, pero los límites entre sus compartimentaciones son más limpios y graduados, dejando una sensación que, aunque siempre turbadora, resulta más orgánica.

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El argumento oficial versa sobre un grupo de convictos que deciden participar en una misión espacial piloto con la promesa de eludir así la pena de muerte, en la que les acompaña una doctora -interpretada por Juliette Binoche- que monitoriza sus constantes vitales y lleva a cabo ciertos experimentos de naturaleza cuestionable. Pero la película no se estructura en relación con ninguna de estas personas, sino con la única nativa de esa nueva sociedad, y por ello, la única que no ha elegido pertenecer a ella -entendiendo el término “elegir” de forma bastante laxa, pues una de las cuestiones fundamentales tratadas en la película es la existencia o no del libre albedrío-: Willow, la primera niña que es engendrada y que logra sobrevivir en ese espacio hostil. Así, High Life se articula desde la idea de la concepción de Willow, pasando por su nacimiento, madurez -biológica, pues desconocemos los tiempos que marcarían la social con estos desencadenantes ambientales- y culminando con su final. El comienzo de la cinta alinea el conocimiento del espectador con el de la niña, pues se sitúa en su primera etapa de comprensión y relación con el entorno. Su modelo de aprendizaje vicario es su padre, Monte -representado por Robert Pattinson-, que también ejerce cierta instrucción directa que guía su mirada y la nuestra. De esta forma, la película sale por primera vez de la temporalidad lineal que arrastraba cuando Monte le presenta a su hija un concepto social ajeno a la comunidad concreta en la que viven: la idea de “tabú” cambia cualitativamente tanto el contenido como el formato del mismo, conduciendo a imágenes en celuloide del pasado en la Tierra.

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El exterior se expresa desde la perspectiva del desconocimiento interior: la ausencia de sonido en el espacio externo es calmada con la reproducción de las reacciones vitales del interior del traje de Monte, o sustituida por la banda sonora extrínseca, de forma que nunca quedemos a merced del vacío objetivo, sino que dependamos de la interpretación parcial.

El estilo de Denis está patente en cada acercamiento a Willow: los planos cortos, táctiles y afectuosos, de sus pies torpes dando sus primeros pasos, de las intenciones interrumpidas de sus manos… remiten a la intimidad física de cintas como Viernes noche, pero no así en su aproximación a uno de los asuntos de la cinta de 2002, el sexo, que es mostrado ahora de forma diametralmente opuesta: febril, sofocante, como fin y no proceso. Este tema marca precisamente el segundo tramo de High Life, el único en el que no aparece la niña, y en el que sobresale un cambio a un tono más sórdido y violento, acorde a la visión que tienen los personajes en este momento hacia el cuerpo propio y ajeno, que recuerda en ciertos momentos a la mirada de Philippe Grandrieux, pero mucho más inmediata y menos sugerente. Esta es, por tanto, la parte más tangible, pero también se introducen en ella conceptos abstractos nucleares de la cinta: qué parte de moralidad es inherente al germen de una nueva sociedad, cómo afecta el capitalismo en los intentos de rehabilitación social, cuánto de lo que se reivindica como “necesidades” sexuales son simplemente “deseos” -y las implicaciones morales que tiene esto-…

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Por último, la cintade Denis recupera en su final la obra que ayudó a la gestación de su idea primigenia: Contact, un cortometraje en el que la directora colaboró con el artista Ólafur Eliasson para expresar visualmente ideas conceptualmente complejas como los agujeros negros o el infinito. Y las imágenes de ambos llevan a una conclusión similar: sólo podemos ver de las personas lo que la luz -la concreta ofrecida por Eliasson o la general referida a un ente superior- nos permite.

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