Críticas, Estrenos

La batalla de los sexos (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2017)

La batalla de los sexos es uno de esos trabajos que recuperan hechos reales, más o menos (re)conocidos en el mundo actual, para reflejar y/o reivindicar determinadas cuestiones de actualidad que encuentran resonancias en esas historias pasadas y, en muchos casos, olvidadas. En el caso de la nueva película de Jonathan Dayton y Valerie Faris, firmantes de títulos como Pequeña Miss Sunshine (una de las feel-good movies más populares del siglo presente, y por ese mismo motivo inspiradora de un listado interminable de comedias) y Ruby Sparks, nos trasladamos al año 1972 para asistir a un circo mediático de lo más inusual: el partido disputado entre Billy Jean King (Emma Stone, tan convincente como de costumbre), una tenista profesional, la número uno por aquel entonces, y Bobby Riggs (Steve Carell, también convincente pero algo encorsetado), un excéntrico campeón que ya se había retirado.

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Si nos apartamos un poco del hecho real, no tan conocido como otros que interesaban más a la opinión pública (probablemente por las implicaciones de género que conllevaba el resultado del evento), resulta imprescindible comentar por encima cuál fue el origen del conflicto. Por un lado, la ATP invertía una irrisoria cantidad de dinero en el tenis femenino en comparación con sus iguales masculinos, por lo que las mejores tenistas del ranking decidieron unirse por una buena causa: crear una organización tenista al margen, la WTA, para poder participar de un circuito de torneos justo y en el que tuvieran la misma independencia y visibilidad que los hombres. Por supuesto, la decisión tomada fue vista como algo ridículo por aquellos hombres (la mayoría) que se creían superiores a las mujeres, y que creían que el tenis femenino merecía un espacio mucho menor, pues los hombres eran superiores por naturaleza en el deporte dadas sus condiciones físicas (sic).

La película narra la longitud del proceso en sí mismo y el encuentro entre ambos, así como, en paralelo, la vida privada de los protagonistas. Pese a poner en relieve y criticar un tema tan preocupante como el machismo de nuestra sociedad, que a día de hoy es mal que sigue sin extinguirse, y a funcionar bastante bien en la alternancia entre drama y comedia, La batalla de los sexos termina siendo un entretenimiento tan disfrutable como maniqueo; tan efectivo en su faceta más lúdica como inoperante a la hora de profundizar en la complejidad de los personajes y de los propios temas. Queda claro que no es tan fácil hablar del mundo que nos rodea, por mucho que los ecos del pasado resuenen en el presente con tanta fuerza.

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