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Festival de San Sebastián 2017 – The Disaster Artist

En la Sección Oficial de la última edición del Festival de Cine de San Sebastián coincidieron de forma azarosa dos películas que se articulan en torno al homenaje de una figura cinematográfica. Sin embargo, la inclusión de esta idea se lleva a cabo de forma diferencial en ambas propuestas: mientras que en The Disaster Artist −dirigida por James Franco y finalmente ganadora de la Concha de Oro− se coloca ese tributo como centro explícito e incluso motivo de la totalidad de la cinta, en Le lion est mort ce soir −obra de Nobuhiro Suwa− la idea funciona de forma tangencial, pues se deriva de la presencia de Jean-Pierre Léaud y el significado generado en su personaje al dotarlo del peso de su imagen.

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Curiosamente, es la película que realiza el homenaje de forma más implícita la que consigue enfocarlo con mayor honestidad y admiración. En contraposición a esto, The Disaster Artist se coloca en una situación de superioridad con respecto a su personaje principal −que no es, sin embargo, su protagonista− Tommy Wiseau. Este desplazamiento de la perspectiva desde la que se narrará la historia de la concepción, rodaje y estreno de The Room, que oculta la visión del director de la misma para dejar paso a la del co-protagonista, es especialmente relevante en la configuración del tono altivo de la cinta, amparándose continuamente en la necesidad del mantenimiento de la “cordura” y objetividad del relato de los hechos, y por tanto destapando el carácter despectivo con el que refieren esa supuesta genialidad que atribuyen a Wiseau.

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El desdoble a través de distintos niveles de representación en The Disaster Artist no se limita sólo al plano de los personajes −donde podrían acotarse hasta tres capas: la externa (formada por James Franco, Dave Franco, Alison Brie, Seth Rogen y el resto de intérpretes de The Disaster Artist), la interna (constituida por Wiseau, Greg Sestero, Amber, Sandy Schklair y demás personajes encarnados por los actores anteriores), e incluso una tercera conformada por los personajes interpretados por los actores de The Room (Johnny, Mark, Lisa…)−, sino que se extiende también a la propia narración, que maneja de forma explícita elementos clásicos de las buddy movies, además de los obvios del mockumentary.

Sin embargo, James Franco no parece buscar realmente la comunión entre los distintos niveles, sino que pretende mantener a actor y personaje como dos elementos independientes que utilizan la misma voz para comunicarse, pero cuyo sentido se descubre diferente al desacoplarse. Esto se potencia con la inclusión de metarreferencias no sólo sobre lo representado, sino también en relación a los representantes, que permiten colocar en un primer plano las dinámicas distendidas del grupo de amigos que forman los actores en la vida real. De esta forma se puede vislumbrar la intención verdadera de Franco a lo largo de toda la cinta: no desea la reinterpretación o construcción de una nueva narrativa basándose en lo conocido, sino que busca simulación de su objeto de burla en tono irónico. La máxima ejemplificación de esto se localiza en los créditos finales, donde se sucede la contraposición de distintas escenas de la película original con las reproducidas por Franco, con la única finalidad aparente de descubrir que el director y actor es capaz de conseguir recrearlas.

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