Festival de San Sebastián, Festival de San Sebastián 2017

Festival de San Sebastián 2017 – 3/4

En Zabaltegi-Tabakalera, la sección paralela que incluye las propuestas más heterogéneas y a menudo arriesgadas del Festival de San Sebastián, se recogen este año dos obras que se asemejan en cierta forma en temática e incluso relación de aspecto, pero que se diferencian y complementan en cuanto a su acercamiento a los personajes y su relación con −e importancia dada a− el ambiente. Una de ellas es La nuit où j’ai nagé, el tercer largometraje de Damien Manivel −que une fuerzas en esta ocasión con Kohei Igarashi−, del que hablaremos posteriormente; y por otro lado se encuentra 3/4, segunda película de Ilian Metev −tras realizar en 2012 el documental La última ambulancia en Sofía− y ganadora de la sección Cineasti del presente del último Festival de Locarno, que retrata a una familia formada por tres miembros: un padre, un hijo y una hija.

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En su primera ficción, el director parcela visualmente el espacio propio de cada personaje, no para oprimirlos o crear una distancia entre ellos, sino para que sean los protagonistas los responsables de elegir a quién permiten entrar en él. De esta forma, la posición de la cámara, su separación y perspectiva con respecto a lo filmado se hace dependiente de la valencia de las relaciones existentes en ese momento en pantalla, subordinadas a la interacción entre el afecto colectivo y las circunstancias por las que pasa la historia individual de cada personaje en dicho instante. Metev deja así las decisiones formales de la película a merced de sus protagonistas, que son capaces de fundir sus zonas de comodidad y desacoplarlas de forma reactiva en tan solo cuestión de segundos.

El cineasta búlgaro no busca encapsular lo relevante de esta vida familiar, sino que parece perseguir lo inestable, lo anecdótico, relegando los momentos técnicamente relevantes a elipsis para resignificar lo inmediatamente anterior y posterior, la preparación y la consecuencia, como lo sustancial para explicar las sensaciones implícitas de cada uno.

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Las personas adultas se sitúan en la película como un elemento escaso y secundario, cuya presencia está supeditada a los intercambios que realizan con los más jóvenes. Así, Metev los coloca en un plano casi incidental, apoyando su naturaleza principalmente en la réplica, excepto en un único caso: el referente al padre. Este personaje, lejos de ubicarse como cabeza de familia, comienza siendo relegado al ambiente compartido, pero a medida que avanza el desarrollo de la cinta el hombre termina por fagocitarla, igualando progresivamente el tono de esta a su estado emocional. A través de este mecanismo, las conversaciones banales y referencias populares que se entendían como un divertimento en el contexto de confort de la edad juvenil -debido a lo naturales que resultan en el discurso-, acaban tornando desagradables, paralizantes, en su contacto con el patriarca, pues son otra fuente más de evidencia de la distancia existente entre los tres protagonistas a diversas escalas.

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