Críticas, Estrenos

La niebla y la doncella (Andrés M. Koppel, 2017)

La niebla y la doncella comienza con una persecución policial entre la niebla de una sinuosa carretera situada en la isla Canaria de La Gomera. Pese a que la secuencia se encuentra rodeada de elementos propios del thriller policíaco y de un paisaje idóneo para la construcción de atmósferas, la cámara se detiene a escrutar el rostro de la agente Anglada (Verónica Echegui) desde todos los ángulos posibles, de quien apenas se separa hasta que halla(mos) un cuerpo al otro lado de un arroyo un rato después de la infructuosa persecución. Este prólogo, probablemente innecesario en lo argumental —la trama queda perfectamente contextualizada sin él—, supone una inequívoca declaración de honestidad: en la película, no importa tanto el caso como la psicología de unos personajes que, si bien nunca llegan a definirse adecuadamente, son el centro de una narración y de una intriga donde siempre sobrevuela la vertiente más oscura de los mismos y la (in)moralidad de sus acciones.

Niebla 1

Si sobre el papel encontramos algunas lecturas de lo más interesantes que abarcan puntos de lo más variopintos —desde la corrupción policial hasta los roles de género dentro de los cuerpos policiales, pasando por lo complejidad humana en sí misma como causante de todos los males—, en la práctica debemos reconocer la torpeza del debutante Andrés M. Koppel a la hora de dar sentido a todo el trabajo instrospectivo que trata de construir mediante planos aislados. Se puede apreciar una torpeza similar en la forma de filmar algunas conversaciones en el primer tramo de metraje —concretamente, en aquellas donde interviene una pluralidad de personajes—, con inexplicables cambios de plano y ligeros pero nada efectivos movimientos de cámara. Por continuar enumerando los aspectos más erráticos del filme, conviene hacer alusión a un trabajo actoral un tanto deficiente, encabezado por un Quim Gutiérrez al que le siguen quedando muy grandes los registros dramáticos. Tampoco sale muy bien parada una Verónica Echegui que sufre las consecuencias de ponerle cuerpo a un personaje que resulta excesivamente desconcertante en pos de recubrirlo de un halo de misterio. En el lado más o menos positivo del elenco se encuentran Roberto Álamo y Aura Garrido, que cumplen en registros que no les exigen demasiado y que han realizado en otras ocasiones. Por enésima vez, más termina siendo menos; y esa máxima viene a definir con precisión el resultado general de la película.

Niebla 2

De todos modos, no es La niebla y la doncella una cinta merecedora de los palos recibidos, menos aún si la mayoría de ellos provienen de un festival con un nivel medio tan lamentable como el de Málaga. Más allá de un gran número de puntos flacos que no pueden pasar desapercibidos, la ópera prima de M. Koppel cuenta con un cierto magnetismo visual —quizá tengan algo que ver los paisajes volcánicos de La Gomera y/o la buena presencia de su elenco, pero, en cualquier caso, es casi un hecho que algo de materia prima se esconde tras las cámaras de esta nada desdeñable carta de presentación— y unos intereses bastante alejados del mero entretenimiento y la espectacularidad. Podría decirse, no obstante, que los métodos utilizados por el cineasta para conciliar el aspecto íntimo de la narración con el detectivesco no son las más apropiadas.

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