Críticas, Estrenos

La cura del bienestar – El viaje y la experiencia

A lo largo de los tiempos se han creado (y estrenado, desgraciadamente) multitud de películas entre malas y muy malas. Mientras que algunas de ellas encontraban en la parodia una forma de justificar su existencia, otras intentaban desarrollar ideas más o menos interesantes con resultados catastróficos. Sin embargo, podemos encontrar otro grupo de películas malas mucho más dañino si cabe: el de aquéllas que, conscientes de transitar lugares comunes y tratar ideas que no destacan por su novedad, camuflan su absoluta falta de pretensiones (aunque económicas sí las tienen, eso seguro) en su aparente semejanza con otras películas del género que sí lograron aportar determinadas cosas, o algo menos seguro que consiguieron entretener al público. El entretenimiento es lo mínimo que podemos pedirle a cualquiera propuesta que desde el primer momento muestra sus carencias artísticas. Entre el último grupo de películas mencionado podríamos encontrar La cura del bienestar, la nueva película del ecléctico y a veces interesante Gore Verbinski.

cura

La cura del bienestar basa todo su posible éxito en su supuesto parecido con las cintas (o diversas creaciones artísticas) de determinada iconografía que han aparecido en este principio del siglo que nos ocupa. Si digo supuesto es precisamente porque todo el parecido se reduce a la campaña de marketing y al propio argumento de la película. Un joven y ambicioso ejecutivo de empresa (Dane DeHaan) es enviado para traer de vuelta al CEO de su compañía, que se encuentra en un idílico pero misterioso “centro de bienestar”, situado en un lugar remoto de los Alpes suizos. El joven pronto sospecha que los tratamientos milagrosos del centro no son lo que parecen.  La propuesta, por tanto, podría haber dado bastante de sí. Pero la inconsistencia de un guion especialmente torpe en los diálogos, unida a la terrible y gratuita manera de meter sustos ridículos y escenas grotescas, no permite encontrar nada de interés en este interminable laberinto a través del que seguimos a un ejecutivo cuya interpretación remite a la de Leonardo DiCaprio en Shutter Island (cinta con la que muchos, quizás demasiados, puntos comunes).

La película es muy torpe en lo puramente argumental, pero su chapucera realización no se queda atrás.  El único riesgo que toma Verbinski es optar por un giro final que permite una lectura interesante, pero que resulta ser una decisión vacía una vez vista como parte del conjunto. La cura del bienestar nunca aprovecha debidamente la vertiente psicológica de su propuesta, la paranoia que sufre o puede sufrir su protagonista, tanto antes de entrar en el centro de bienestar como, sobre todo, una vez inmerso en él. No podemos sacar más que una colección de sustos irrisorios en una cinta que fracasa en todos sus presuntos objetivos. Difícilmente disfrutable hasta para los más fieles seguidores del cine de terror.

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