Críticas, Estrenos

Los del túnel – Lo de nunca, como siempre

Si algo hay que concederle a Los del túnel, la ópera prima de Pepón Montero, es la facilidad con la que se desmarca de la comedia actual española. Sus gags podrán ser mejores o peores, sus situaciones más o menos reconocibles, pero hay muy poco en ella que nos recuerde a otras películas del género, que nos hace llegar mensualmente títulos sin ninguna valía cinematográfica. Los del túnel no lo consigue (ser buena o no ser muy mala, según cómo se mire), pero al menos lo intenta, algo que nos obliga a mirarla de una forma distinta, que a fin de cuentas es lo mismo que hace ella con sus personajes, con desarrollos dramáticos creíbles a pesar de su caricaturización.

Desgraciadamente, todo lo que podemos agradecerle a esta película es que en ningún momento resulta especialmente ofensiva (puede que sí lo sea, pues Villaviciosa de al lado puso el listón tan alto que ya ni siquiera podemos fiarnos de nuestra percepción de la (a)moralidad). Una obra cinematográfica queda definida instantáneamente cuando lo mejor de ella es Arturo Valls. Este humorista reconvertido en actor, una de esas personas que de tan graciosas que se creen no logran provocar más que lástima, ejerce también como productor de la cinta, lo que explica que su personaje y la evolución del mismo sea la columna vertebral de la narración. Aquí es hasta posible soltar un par de risas con algunos de sus momentos más hilarantes, punto en el cual debemos alabar los múltiples intentos del director por olvidarse un poco del texto y buscar el gag visual, como si de verdad nos encontráramos ante una película y no ante una mera herramienta para hacer dinero rápido. Sin embargo, la penosa factura técnica contradice esta búsqueda anómala, con un trabajo de fotografía y un montaje que no tienen nada que envidiarle a trabajos de la talla de Incidencias y Ocho apellidos catalanes, entre muchos otros ejemplos de desgana.

Los del tunel 1

Aunque por momentos se tiende a frivolizar con prácticamente todas las cuestiones sagradas (de por sí nos encontramos con un punto de partida bastante problemático, que a pesar de su atractivo tenía muchas posibilidades de fracasar), Los del túnel únicamente roza la vergüenza ajena cuando trata de explotar las consecuencias dramáticas del hecho traumático en torno al cual se articula la historia y su guion, algo verdaderamente paradójico. Pero la pura realidad es que no es fácil hacer creíble el drama cuando todo se sostiene mediante chistes de dudosa efectividad, cortes de montaje aleatorios y una planificación desastrosa. Los personajes hacen gracia, logras reírte con ellos y con sus desgracias, pero jamás generan lástima o empatía, así que el subrayado musical de rigor tiene muy pocas opciones de hacerte sentir la más mínima emoción cuando el asunto se pone serio y cursi.

No será fácil encontrar películas peores que ésta en el presente ejercicio, pero aún más difícil será ver otra película que, siendo igual de mala, se mantenga lejos de ofender a nadie. Como punto especialmente negativo, podríamos sacar a relucir la artificial interpretación de Raúl Cimas, que, por si no tenía suficiente con dar vida al personaje más absurdo de la película (de los que tienen cierta importancia), se propone alcanzar un objetivo mucho mayor: realizar la peor actuación nacional en mucho tiempo. Y desde luego que lo consigue, pues hace que durante una hora y media Arturo Valls parezca Jack Lemmon. Por cierto, no se os olvide que vuestra vida seguirá siendo una mierda aunque sobreviváis a un accidente, que la película incluso intenta hablar de cosas importantes.

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