Críticas, Estrenos

Callback – La mentira que explota

Aunque desde este medio ya hemos comentado en alguna que otra ocasión la escasa utilidad que tiene el Festival de Málaga como supuesto escaparate del cine nacional, nos vemos obligados a reincidir en esa idea; pero en esta ocasión no vamos a hablar de forma negativa de sus títulos a competición ni del palmarés, sino de las consecuencias de su naturaleza y de la relevancia que en estos momentos tiene en el panorama cinematográfico español. Callback, ganadora de unos cuantos premios en la pasada edición del festival -incluido el de mejor película-, ha tardado nada menos que nueve meses en llegar a unas pocas salas de nuestro país. Esto no hace sino evidenciar que la función del festival no es otra que hacerle un poco más de promoción a las películas de turno (a las que no lo necesitan, generalmente), con sus respectivas caras conocidas desfilando por la alfombra roja. Esto solo puede considerarse glamour de cloaca. Eso sí, si el tercer largometraje en solitario de Carles Torras no hubiera ganado allí, su estreno no hubiera sido posible, así que debemos agradecerle ese privilegio al jurado presidido por Manuel Martín Cuenca.

Callback 1

Estando el thriller español en alza, con tres representantes entre las cinco nominadas a mejor película en los Goya, conviene hacerle justicia a una película de dicho género como Callback, que se desmarca por completo de las propuestas de Alberto Rodríguez, Raúl Arévalo y Rodrigo Sorogoyen. Pero nuestra intención no es ni mucho menos hablar de calidad, hacer de menos a unos títulos y de más a otros; en esta ocasión es mucho más interesante hablar de riesgo, de coherencia formal y, en definitiva, de personalidad. Y pese a sus referentes, que no parecen ser pocos, Callback es un trabajo único, arriesgado e inclasificable. Es justo afirmar que su discurso acerca de la mentira del sueño americano por momentos es de una obviedad alarmante, pero muchas películas aplaudidas por la crítica y el público tienen el mismo problema (a veces de forma mucho más molesta) y nadie se queja de ello. La carrera de Carles Torras dio un giro de 180 grados cuando empezó a producir sus propios trabajos, pasando de hacer algo enormemente convencional y errático como Trash, a dirigir la fallida pero interesante Open 24h, que funcionaría perfectamente como preámbulo de Callback.

Callback 2

La diferencia entre su anterior película y ésta, ambas construidas en torno a personajes con claros síntomas -más o menos visibles- de psicopatía, es precisamente el dibujo que realiza de la superficie: mientras el Héctor de Open 24h no parecía más que un ser apagado e introvertido, cuyos instintos ocultos eran provocados por la mugre que le rodeaba, el Larry de Cecco de Callback muestra evidentes rasgos de psicopatía desde el primer casting que le vemos realizar, siendo una hipérbole del típico inmigrante en busca del sueño americano que no encuentra más que trabas en el proceso. Torras y Martín Bacigalupo, coguionista y protagonista de la cinta -premiada también en ambos apartados-, construyen un personaje completamente alienado, un ferviente evangélico de origen latinoamericano afincado en Nueva York que trabaja como mozo de mudanzas a la vez que persigue su sueño de ser actor: asiste a castings de anuncios publicitarios en los que siempre recibe un “ya te llamaremos” como respuesta. Delimitando el lapso temporal de la narración de forma muy precisa (quedándose con lo esencial y rechazando lo accesorio), pues en apariencia apenas transcurren unos pocos días de la existencia de este hombre trastornado y engañado, la pareja de guionistas nos acerca a su día a día, dominado por una rutina mecánica. La repetición desempaña un papel fundamental en Callback: además de la obviedad que desprenden los continuos ensayos del actor mirando a cámara (una obviedad que al mismo tiempo es buscada, potenciando con efectividad la vena sarcástica del film), se lleva a cabo una repetición formal, tanto por la propia transición vital entre unos lugares que siempre son los mismos, como por el inteligente juego que establece el director al repetir algunos planos, que se traduce en encuadres calcados con significados diametralmente opuestos; es decir, al estar dividida en dos partes con tonos y ritmos muy diferentes, la película (y la cámara) regresa a lugares por los que ya había pasado pero donde la normalidad se ha visto alterada.

Callback 3

Pese a lo interesante que resulta un discurso que nos hemos tragado infinitas veces, la exageración y los subrayados de algunas idean terminan minimizando muchas de sus virtudes e impidiendo que el conjunto adquiera verdadera relevancia. No obstante, la escritura de los diálogos y la labor interpretiva de Bacigalupo sí se confirman como logros a tener en cuenta, superando con éxito la nada sencilla tarea de añadir luces cómicas en una historia de lo más oscura, sin que por ello desaparezca la gravedad de lo narrado. Con sus imperfecciones, Callback nos lanza una idea del éxito mucho más seria y realista que la de películas (y/o directores) celebradas casi unánimemente en todas partes del mundo. Como poco, tenemos delante de nuestras narices un sugerente trabajo que no duda en dejar fuera de campo aquello que, en caso de ser mostrado, jamás podría conjugar con el humor negro.

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