Críticas, Estrenos

Comanchería – Solos contra el mundo

Vivimos en una época donde tan fácil es hablar despectivamente de las cosas, rechazando infinitud de películas sin apenas reflexión, como hablar de milagros semanalmente. El western es un género que se ha convertido en un caldo de cultivo donde se vierten comentarios desfavorables sobre su salud sin fundamento alguno, dándolo por muerto en base a unos prejuicios de lo más ridículos. Como ocurre con todos los movimientos en la modernidad, sean a favor o en contra del tema en cuestión, no ha tardado en surgir una necesidad popular de revivir y reivindicar el género continuamente, celebrando cada estreno de una película del Oeste, o de las que guardan cierta relación estilística con ellas, como si se tratara de un verdadero acontecimiento. De modo que, tras leer una y otra vez las mismas palabras elogiosas durante unas semanas, o a lo largo de un mes en el mejor de los casos, estos títulos tienden a ser olvidados por la gran mayoría de sus defensores. ¿Hubiese entrado Comanchería en muchas listas de lo mejor del año de haber sido estrenada en la primera mitad del ejercicio? Las razones para dudarlo son infinitas, pues el film de David Mackenzie no tiene mucho que ofrecer.

Coman 1

Pero el tema que aquí nos preocupa no es nuestra forma de enfrentarnos a los estrenos, nuestras valoraciones, filias o fobias, sino lo que supone Comanchería a nivel cinematográfico. Aunando un buen número de tópicos en cuanto a las localizaciones, las situaciones y los personajes de lo viejo y de lo nuevo, sin salirse en ningún momento de los límites de la jurisdicción del género ni de su códigos más universales, el guionista Taylor Sheridan nos presenta la historia de dos hermanos que deciden tomarse la justicia por su cuenta ante el inminente desahucio de la vivienda familiar, robando a los mismísimos bancos que se han quedado todo lo que tenían. Aunque empatizar con estos tipos, unos delincuentes de poca monta que pertenecen a una familia que ha sufrido o va a sufrir las injusticias de nuestra sociedad (en este aspecto destaca su marcada contemporaneidad, pues su trama sí es extrapolable a cualquier otro género y/o emplazamiento), sea complicado sobre el papel, en la práctica nos encontraremos con una serie de personajes a los que es muy difícil juzgar. Así aparece el carismático antagonista (de nuestros protagonistas, pues, como ya se ha dicho, en Comanchería sería terriblemente injusto hablar de buenos y malos) interpretado por Jeff Bridges, que no tarda demasiado en conquistar a la platea a través de sus chascarrillos, con un facilón humor negro que no es sino un reciclaje de los Coen menos inspirados.

Coman 2

Al igual que en Sicario (también escrita por Sheridan), el contexto queda claro sin necesidad de recurrir a la palabra; con mayor o menos número de diálogos, lo más importante se palpa en el aire, en la atmósfera angustiosa y desesperanzada que logra transmitir Mackenzie gracias, entre otras cosas, a la correcta aunque imprecisa banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis. No obstante, termina por tener mayor importancia la exposición que el matiz en la escritura, por lo que el mensaje y trasfondo de la película puede pecar de explicativo. Pero el principal problema de Comanchería no se encuentra en el guion, solvente en términos generales, sino en la grandilocuencia con la que el cineasta acomete la ardua tarea de trascender los tópicos que pueblan la narración. En contra lo de que se podía esperar, los destellos del virtuosismo del escocés se convierten en el talón de Aquiles de la cinta, pues falla justamente donde pretende destacar y epatar. Prueba fehaciente de ello son el alarde innecesario del plano secuencia inicial y los recurrentes movimientos de cámara, cuya utilidad narrativa es insignificante. Así las cosas, Comanchería renuncia a una narrativa ágil y mordiente para hacer gala de un ensimismamiento poco provechoso. Y es ahí mismo donde se encuentra el fallo, la condena definitiva: aunque intenta encontrar su personalidad a través de la forma, es el fondo lo que resulta más interesante del trabajo. Y eso, se mire por donde se mire, es un problema muy serio.

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