Críticas, Estrenos

Passengers – Hablemos de la (in)moralidad

Aunque por aquí no hemos contrariado nunca la importancia que tiene separar al artista de la obra a la hora de emitir juicios, o al menos intentarlo, es justo afirmar que en muy pocos casos una película de ficción (también, aunque en menor medida, un trabajo documental) queda libre de la ideología de su autor. Si entendemos el término ideología como algo mucho más amplio y complejo que un posicionamiento político (aunque, según cineastas como Costa-Gavras, todo cine es político), veremos que todas las decisiones que toma un autor en el proceso creativo determinan la ideología de la película, la suya propia como artista y, por extensión, como persona. Ya no importa si dejamos a un lado las cuestiones meramente políticas, pues hasta las elecciones más nimias llevan implícitas la ética y la moralidad (o la falta de éstas). Así que, si bien en algunos casos podría -y solamente podría- saldarse con éxito ese trabajo de separación, en la mayoría de ocasiones se trata de algo sencillamente imposible.

In the Infirmary, Jim (CHRIS PRATT) and Aurora (JENNIFER LAWRENCE) realize they have limited options in Columbia Pictures' PASSENGERS.

Empezar con un párrafo así un texto sobre Passengers puede sonar a cachondeo, pero esta crítica no pretende ni mucho menos tomarle el pelo a nadie, si acaso prevenir al lector sobre la toxicidad de la cinta en sí misma y de su terrible trasfondo/discurso/mensaje. No sé cual es el término más adecuado para hablar de la inconsistencia moral y cinematográfica del nuevo trabajo de Morten Tyldum, por lo que, una vez la hayáis visto, entenderéis el baile de palabras y el desconcierto sufrido por cualquier espectador mínimamente consciente ante la “película”. Dado el tono juguetón de la cinta, que comienza siendo cómico y poco a poco se va volviendo más (melo)dramático, es justo darle una oportunidad a la condenable decisión de su protagonista, que más tarde podría ser juzgada por la simple observación de sus consecuencias. Sin embargo, parece que las intenciones del director noruego no son precisamente reflexionar sobre nuestros actos y la repercusión de los mismos. A Tyldum le preocupa divertirse con la fantasía que materializa en la ficción, entretener al público y deleitar a los fans de dos estrellas en alza como son Chris Pratt y Jennifer Lawrence. ¿Importa algo más? Es complicado pensar que la respuesta es afirmativa cuando la progresión dramática es nula, pues, además, el único conflicto surge de la forma más ridícula que nadie pueda imaginarse. Como Tyldum sabe muy bien lo que quiere contar pero no tiene ni la menor idea de cómo llevar a cabo su mastodóntica estupidez, la solución es elaborar un pastiche de géneros al gusto del consumidor habitual de cine palomitero. Esto no tendría por qué ser negativo, pero los cambios de tono son tan poco orgánicos y suponen en todos los casos tal contradicción interna que lo raro sería creer que no nos están tomando el pelo.

Passengers 2

Durante todo el viaje, lo lógico es dejarnos llevar, disfrutar de la experiencia y esperar a la conclusión para decantarnos a favor o en contra de todo lo que se nos está narrando de forma ya de por sí discutible. Pese a sus problemas de ritmo e incoherencias, y a una falta de talento e ideas alarmante (suena paradójico decir esto de una cinta con un planteamiento hasta cierto punto original, pero es la pura realidad), Passengers podría haberse consolidado como un entretenimiento aceptable y sin pretensiones. Pero la realidad es muy diferente, y, como decíamos en el primer párrafo, es prácticamente imposible separar al artista de su obra. Así las cosas, además de un producto cinematográfico tan olvidable como falto de personalidad, Passengers es una película moralmente reprobable. En esta ocasión se cumple ese añorado equilibrio entre continente y contenido, pues la cinta es igual de dañina desde todas las perspectivas de análisis.

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