Críticas, Estrenos

Assassins Creed – El complejo de autor

Por muy contradictorio que suene, algunas de las películas más feas que se han visto en los últimos años están caracterizadas por un preciosismo visual de lo más contraproducente. Nadie dijo que llevar un videojuego a la gran pantalla fuera fácil, pero los precedentes con los que contaba Assassins Creed nos hacían temer lo peor. Además, resultaba cuando menos curioso que el encargado de dirigir la película no fuera otro que Justin Kurzel, uno de esos cineastas empeñados en dejar un reconocible sello de autoría en todos y cada uno de los planos que componen sus películas. Hablando banalmente, el australiano tiene bastante distorsionado el sentido de la belleza cinematográfica. No son casuales las similitudes estéticas entre su versión de Macbeth y esta cinta, que evidencian el poco interés que tiene el director en el material con el que trabaja. Es un error monumental darle el mismo tratamiento a un texto de Shakespeare que a un videojuego, utilizando los mismos filtros fotográficos y haciendo un uso prácticamente idéntico de los efectos visuales.

Creed 1

Los problemas más grandes son por tanto de base, y se acentúan conforme se hace notar la escasa utilidad narrativa de las herramientas cinematográficas. La primera escena comienza con cámaras lentas, enfoques y desenfoques, y movimientos de cámara bastante significativos; por decirlo de otra forma: queda patente desde los primeros compases de la narración la necesidad del cineasta por saberse dueño de la obra. En este sentido no existe ninguna falta de honestidad, por lo que el desastre que acontece a continuación es cualquier cosa menos inesperado. Después de una presentación necesaria del contexto en el que va a desarrollarse la acción, Kurzel se pierde en un laberinto de sobreexplicación y repetición, alternando las escenas de acción en el pasado con el supuesto desconcierto del protagonista en el presente, su posterior implicación moral con las acciones que se ve obligado a llevar a cabo, en busca de ese objeto valioso que resume la trama de la película. Una línea argumental que, si tratamos de ser honestos, en el mejor de los casos funcionaría como episodio piloto de una serie de televisión. La conclusión, por su parte, tan deliberadamente absurda como inevitablemente precipitada, responde única y exclusivamente a los interés económicos de un grupo de personas a las que no parece importarles demasiado el cine.

creed 2

Y después de todo esto, poco o nada importa que los protagonistas de la función sean los casi siempre solventes y carismáticos Michael Fassbender y Marion Cotillard. Si en Macbeth sus capacidades se vieron hasta cierto punto limitadas por un exceso de artificio, en esta ocasión no tenemos siquiera la posibilidad de disfrutar de su entrega, culpa de unos personajes que en ningún momento logran interesar. Algo similar pasa con todo el plantel de secundarios, que solo pueden hacer acto de presencia cuando es menester recitar algún breve e intenso monólogo. Muchos son los motivos que convierten a Assassins Creed en una película indefendible, pero, contra todo pronóstico, el más grave no es su condición natural de adaptación maldita. ¿Hubiese sido una buena película de haber estado dirigida por otro cineasta? Pues probablemente no, aunque está claro que lo más adecuado no es dejar el proyecto en manos de un tipo que aprovecha la subjetividad de un águila para hacer gala de un estilo inclasificable por su inutilidad.

 

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *