Críticas, Estrenos

Aliados – Regreso a los orígenes

Parece mentira que Robert Zemeckis, que hace un año estrenaba un producto tan mediocre y vacío de interés como El desafío (The Walk), haya sido el encargado de recuperar el sabor y la esencia de esas películas de intriga clásicas con historias románticas de por medio. Para empezar, el desarrollo de la primera mitad de Aliados tiene lugar en Casablanca, lo cual es una más que evidente declaración de intenciones. Corre el año 1942 cuando Max (Brad Pitt), un espía del bando aliado, y Marianne (Marion Cotillard), una compañera francesa, deben fingir ser matrimonio para acabar con el embajador alemán.

El regusto añejo que desprende Aliados es innegable, tanto en el estilo de la dirección como en sus temáticas; y es el añadido más interesante para una historia que, a pesar de haber sido contada con pequeñas variaciones en multitud de ocasiones, resulta atractiva gracias al estupendo trabajo de Zemeckis. El cineasta, sabedor de las posibilidades que encierra una trama que remite al Hollywood clásico, elabora una puesta en escena que combina a las mil maravillas el glamour de la época con las ventajas del cine digital, llenando de vida unos escenarios que ya creíamos obsoletos. Aliados no es ni mucho menos perfecta, pero hay que destacar el mérito que tiene haber recuperado este tipo de cine comercial, donde el qué importa mucho menos que el cómo.

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A lo largo de su entramado, Aliados pivota sobre géneros como el espionaje, el drama romántico y el suspense, siendo igual de efectiva en todos ellos. Pasada la mitad del metraje, las reminiscencias del clásico de Michael Curtiz dejan paso a las del Hitchcock de Encadenados y Sospecha, en un juego de identidades que demuestra lo bien que se desenvuelve Zemeckis en los diferentes registros que maneja y lo buen narrador que es. Si la presencia de espejos en muchos de los planos de la primera mitad no parecían más que un recurso estilístico, en la segunda no solo pasan a convertirse en uno narrativo, sino que además le dan un nuevo significado a los primeros. El director se muestra más detallista que nunca en la puesta en escena, y la cámara flota sutilmente por la pantalla en busca de objetos y personajes, con un sentido narrativo a la altura de los más grandes.

Si este trabajo es sustancialmente superior a los anteriores del director de Forrest Gump, probablemente se deba, entre otras cosas, al sólido, delicado y rico guion de Steven Knight, que conecta todos los vericuetos de la trama con precisión. A partir de ahí, es momento de disfrutar de uno de los trabajos de dirección más sofisticados del año. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en Aliados. Para empezar, no existe química alguna entre la pareja protagonista, con un inexpresivo Brad Pitt que nada puede hacer frente a una Marion Cotillard que, gracias a un gran número de matices, clava todos los registros de un personaje cuyo desarrollo e inquietudes resultan creíbles en todo momento. Hacía tiempo que la francesa no nos regalaba una interpretación tan buena.

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Otro de los pocos aspectos negativos de la cinta, notable en casi todas sus fases, es un tramo final un tanto sensiblero que se aleja de las brillantes conclusiones de los títulos mencionados a lo largo del texto. A pesar de estar perfectamente resuelto, como todas y cada una de las secuencias de la película, queda la sensación de que podría haberse cerrado mucho mejor. La sublime narración audiovisual que sobrevuela y le aporta esa mirada clásica a Aliados durante cerca de dos horas, con momentos de gran cine, desaparece por completo para subrayar la emotividad de la conclusión. Pese a todo, es una película que debe ser vista y disfrutada.

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