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Festival de Sevilla 2016 – Día 3

La tercera jornada de festival abrió con La muerte de Luis XIV, la nueva película del controvertido Albert Serra, cuyo actor protagonista, Jean-Pierre Léaud, recibió la Palma de Oro honorífica en el pasado Festival de Cannes. La cinta del hispano-francés no tiene otra pretensión que narrar la lenta y larga agonía del Rey Sol, sus últimos días, que tras volver a casa en el año 1715 comenzó a sentir un dolor agudo en la pierna. Una vez en cama, rodeado de sus más fieles súbditos, la agonía del rey da paso al estupendo despliegue formal de Serra. Si bien la paleta cromática mantiene durante todo el metraje los mismos colores, la imagen se va oscureciendo conforme este avanza y se acerca el momento que da título -y sentido- a la película. No hay más que fijarse en el uso que se hace de la profundidad de campo, integrando un buen número de personajes en torno a la inmensa figura de un omnipresente Léaud, para apreciar la entidad de la obra cinematográfica ante la que nos encontramos.

La muerte de Luis XIV (Albert Serra)
La muerte de Luis XIV (Albert Serra)

La reconstrucción histórica que lleva a cabo Serra es desmitificadora a dos niveles: en lo referido a la déspota figura del propio Rey Sol, y también en cuanto a la negligente actuación de sus hombres más cercanos. Sus logros son evidentes en este y otros aspectos, aunque el disfrute de la obra puede verse afectado por su continuado estatismo y su parsimonia (aunque más que justificada y probablemente efectiva) narrativa. Una oscura y formalmente portentosa revisión de los últimos días de Luis XIV de Francia que hipnotiza y extenúa a partes iguales. Un enfrentamiento sin vuelta atrás del rey con su propia muerte que se salda con un más que claro resultado: Serra se impone en el duelo, tanto frente al espectador que mira fijamente el rostro de un Léaud alicaído, como al propio rey al que interpreta con mucho más que solvencia.

Tras visionar la obra de Serra fuera de concurso, tocaba regresar a la Sección Oficial competitiva con Heartstone, un nuevo relato iniciático procedente de tierras islandesas, la Sparrows de temática homosexual. Pese a la sensación constante de déjà vu a la que nos vemos sometidos durante el visionado de la cinta (los problemas en este caso, si los hubiera, serían única y exclusivamente de guion), Guðmundur Arnar Guðmundsson consigue trazar un sensible y delicado viaje de autodescubrimiento y salto a la madurez, al mismo tiempo que critica las trabas que impone la sociedad a aquellos que quieren o necesitan saltarse las convenciones. Y no hay una sola situación geográfica más adecuada para llevar a cabo este tipo de relato que los paisajes de la Islandia rural, que remiten inevitablemente a muchas de las películas de la nueva ola de talentos del país que se están haciendo un nombre en el circuito festivalero (no cabe ninguna duda de que se convierte desde ya mismo en un título a tener en cuenta para el palmarés).

Heartstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson)
Heartstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson)

Con una forma exquisita y un pulso narrativo un tanto irregular (de nuevo, el guion se convierte en el mayor lastre de la película, que debe obedecer sus órdenes y subrayar determinadas ideas en escenas un tanto aleatorias), Heartstone ofrece muchas más luces que sombras, y su genial y riguroso tratamiento de los temas (además de la homosexualidad, la familia -en concreto las más disfuncionales- tiene una importancia remarcable) hace de ella un sorprendente, emotivo y sensible ejercicio de verosimilitud y cercanía. Pero no dejemos de lado los aspectos positivos del guion, que, aunque torpe y errático a la hora de construir escenas y redundante en cuanto a su contenido, consigue crear dos personajes adolescentes masculinos sobresalientes, llenos de matices y con unos respectivos arcos dramáticos loables. Y los intérpretes encargados de darles vida están a la altura en todo momento, evidenciando la excelente mano del director para trabajar con actores jóvenes. En definitiva, una preciosa lección de los golpes que da la vida y de lo duro que es abrirse paso en determinadas sociedades moralmente atrasadas (en todas cuesta, pero la que refleja la película tiene bastante más miga que la media). ¿A quién debería importarle lo que pase en la vida o en la casa de los demás?, parece preguntarse y preguntarnos el director en su notable debut en el largometraje.

Después de haber visto en la jornada anterior su largometraje a competición, Eugène Green permaneció con nosotros para presentar el documental Faire la parole, en el que, lógicamente, habla sobre la importancia de la palabra en el mundo, no tanto en el sentido de la comunicación (como sí parece obsesionarle en sus trabajos de ficción) como en el de la identidad individual, del sentimiento de pertenencia y las raíces. Con un nivel sustancialmente inferior al de todas y cada una de sus películas, Green empatiza con la situación de un grupo de jóvenes vascos que por diversas razones se vieron obligados a abandonar su lengua natal y nos sumerge en su reencuentro cultural con ella. Recordemos que el director, a pesar de su origen anglosajón, escogió vivir en Francia y en francés. De ahí sus ganas de elaborar este documental que nunca se despega del todo de sus señas de identidad, aunque aquí el estilo empleado sea mucho más sang-sooiano de lo habitual.

Más tarde haríamos acto de presencia en el encuentro con el director israelí Nadav Lapid, presente en Sevilla para presentar su nuevo mediometraje, From the Diary of a Wedding Photographer, que pudo verse en la Semana de la Crítica del pasado Festival de Cannes. En esta ocasión, Lapid se adentra en la mente (o en la cámara) de un fotográfo de bodas que no se considera un “profesional” sino un artista, por lo que comienza a trabajar de forma un tanto libre con su material y su fijación obsesiva con las novias. Ofreciendo alguna que otra lectura un tanto turbia sobre, cómo no, la situación de su país (tema central de toda su obra, aunque supeditado siempre a un trabajo formal revelador e indescriptible), crea un trabajo realmente bizarro, sugerente y violento en su fondo y conclusión respecto a las relaciones de pareja en la actualidad. La excelente labor de montaje, que alterna los planos subjetivos de la cámara del protagonista con los de la propia cámara del director (¿acaso no son los dos la misma persona filmando en diferentes momentos?), convierte esta película de mediana duración en la confirmación del talento de un autor dispuesto a mostrar el lado más oscuro de la sociedad de su país. La subversión es doble; el contenido se complementa con un virtuosismo formal y narrativo sin parangón.

From the Diary of a Wedding Phothographer (Nadav Lapid)
From the Diary of a Wedding Phothographer (Nadav Lapid)

La proyección del anterior trabajo estuvo estuvo acompañada por Emile’s Girlfriend, su primera obra como director, realizada cuando aún no era más que un estudiante. Aunque bastante lejos del resultado de su nuevo mediometraje, se debut detrás de las cámaras es realmente divertido y estimulante, y en él se pueden apreciar sus intenciones de reflejar el presente de Israel desde el prisma más oscuro que uno pueda imaginarse. Sin duda, un anticipo de lo que más adelante podríamos ver en su obra; una filmografía que, esperemos, aún no haya hecho más que empezar a coger forma.

Lo más laudatorio que puede decirse de La mano invisible, la ópera prima de David Macián, es que su director hace honor a su título, tomándose al pie de la letra el significado de dicha frase. No es que no se note que haya un director detrás (que, siendo justos, a veces lo parece y se convierte en uno de los problemas más importantes de la cinta; el limitado uso del lenguaje cinematográfico empobrece el conjunto de la interesante propuesta), sino que en ningún momento las ideas del director se anteponen a los acontecimientos nada enjuiciadores en los que se ven inmersos todos los personajes. Alejarse del maniqueísmo en una película que aborda la crisis sociecónomica y las consecuencias del capitalismo en el marco laboral es realmente meritorio. Y sólo por este motivo merece ser tomada en cuenta, independiente de sus taras.

La mano invisible (David Macián)
La mano invisible (David Macián)

Esta adaptación de la novela homónima de Isaac Rosa nos sitúa en una nave industrial donde tiene lugar en espectáculo insólito: una serie de profesionales realizan sus tareas en un escenario donde el público observa y aplaude sus movimientos. Lo que en un principio es entendido por los propios trabajadores como un empleo satisfactorio a pesar de sus dudas acerca de las intenciones de la empresa -de la cual apenas saben nada-, posteriormente se torna en un peligroso juego donde se acaban planteando cuestiones típicas del mundo laboral actual, ofreciendo el ya manido discurso frente a los empleadores/explotadores, pero añadiendo otro mucho más certero y, probablemente, relevante: el compañerismo y la actitud de los trabajadores en su puesto de trabajo. La falta de comunicación y entendimiento puede ser todavía más demoledora que el capitalismo, algo que parece quedar claro en una pequeña e interesante película que prefiere no darnos demasiadas respuestas.

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