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Festival de Sevilla 2016 – Día 2

Comenzamos la segunda jornada del festival con el pase de lo nuevo de Eugène Green, Le fils de Joseph, perteneciente a la Sección Oficial. Según la crítica internacional, o al menos según gran parte de ella, esta película suponía un cambio importante en la trayectoria del cineasta, por alejarse en cierto modo del drama para adentrarse en el terreno de la comedia; pero nada más lejos de la realidad, pues lo que consigue hacer Green en su sexto largometraje es añadir elementos de la comedia en lo que a todas luces es una obra suya, con todas sus características intactas. Y reside aquí también la mayor virtud de la cinta: con un entramado repleto de situaciones, encuentros y desencuentros típicos del género cómico, Le fils de Joseph retrata vigorosamente un tema tan serio e importante como las relaciones paternofiliales, metáforas barrocas mediante.

Le fils de Joseph (Eugène Green)
Le fils de Joseph (Eugène Green)

Vincent es un joven que no conoce a su padre, pues su madre siempre se ha negado a decirle quién es, señalando que no tiene. Así las cosas, en un momento dado el adolescente decide iniciar la búsqueda de su progenitor, aunque adivinar la realidad no sea la mejor de las opciones. Tras un cúmulo de casualidades, Vincent se encuentra con Joseph, un adulto en el que encuentra la figura paterna que tanto anhela. Aunque lo correcto sería decir que ambos se encuentran, pues sus caminos se cruzan en el momento adecuado, y sus búsquedas confluyen en una relación mucho más pura que muchas forjadas por medio de los lazos de sangre. Con los primeros planos frontales a los que nos tiene acostumbrados este confeso apasionado del cine de Bresson, el azar (o las voz de Dios, quién sabe) orquesta un encuentro a tres bandas capaz de llenar tres vidas que hasta entonces no tenían demasiado sentido. Más ligera y divertida que el resto de sus películas, pero no por ello intrascendente (ni mucho menos), Le fils de Joseph es una nueva confirmación del talento de uno de los autores más importantes de este siglo. Empezó tarde a dirigir, sí, pero es muy probable que la riqueza de su obra en conjunto y de cada uno de sus trabajos a nivel individual se deba a su experiencia vital, a la sapiencia adquirida con el paso del tiempo.

Es bastante preocupante la situación de la cinematografía griega en la actualidad, pues la mayoría de filmes provenientes de allí adolecen problemas muy similares. En el caso de Suntan, que por encima del tono y sus intenciones provocativas tiene la pretensión de construir un drama psicológico en torno a la figura de un médico un tanto inestable, que ve su estado mental completamente alternado en el paso del invierno al verano. La película de Argyris Papadimitropoulos es loable en cuanto a su valentía a la hora de reflejar la masificación veraniega en la isla de Antiparos, con una evidente carga crítica hacia varios estratos de la sociedad. Sin embargo, resulta inconsistente su forma de desarrollar al personaje protagonista, pues parece que las ideas que le sobran a Lanthimos son las que le faltan a Papadimitropoulos. Ese trabajo debe realizarse detrás de cada imagen, de cada diálogo y cada acontecimiento, y no con pequeñas escenas de transición abruptas, repetitivas y que no logran construir nada positivo.

Suntan (Argyris Papadimitropoulos)
Suntan (Argyris Papadimitropoulos)

Al igual que muchos de los títulos griegos que llegan anualmente a nuestras salas, o que al menos pasan por el circuito de festivales nacional, Suntan es mucho más interesante en sus primeros compases, cuando la solidez -o la falta de ella- del conjunto aún no llega a atisbarse. La segunda mitad se convierte en una insistente reiteración del estado mental del protagonista, que se siente engañado por un grupo de jóvenes extranjeros que únicamente están en la isla para pasárselo bien en sus vacaciones. Pero el problema final de la cinta es que se convierte en un producto tremendamente desagradable, tanto en el fondo como en la forma. El director se recrea en todo momento a la hora de filmar los órganos genitales de ambos géneros y alguna que otra situación que puede resultar incómoda para los espectadores menos tolerantes. Además, pasado el ecuador del metraje, el mal gusto se excede cuando decide subrayar el acoso que ejerce el alocado protagonista frente a la joven de la que dice estar enamorado. Las virtudes se pierden en un mar de imágenes completamente vacías, casi tanto como la vida del médico cuyo bronceado da nombre a la película.

Poco tiempo después, el buen sabor de boca volvería con Belle Dormant, el nuevo trabajo del director español Adolfo Arrieta. Considerada por él mismo como un cuento de hadas, la película narra la obsesión del joven príncipe Egon por internarse en el reino de Kentz para encontrar a la Bella Durmiente y romper su hechizo. Su padre, el rey de Litonia, está seguro de que su hijo sólo piensa en estupideces y de que no va a ser un digno sucesor. Con esta sencilla premisa nace este proyecto lleno de magia y poesía, que brilla especialmente cuando Arrieta nos introduce en el reino de Kentz y la realidad y la ficción -dentro de la ficción- se funden y retroalimentan en unas escenas cargadas de fuerza y belleza.

Belle Dormant (Adolfo Arrietta)
Belle Dormant (Adolfo Arrietta)

El ritmo pausado de la película es necesario para construir algo así de delicado, que deja patente que nos encontramos ante un autor con una sensibilidad única; su mirada no es más que la suya propia, y cada plano se encarga de que esa idea se confirme. Con un excepcional trabajo de puesta en escena y una textura que distingue las imágenes de los dos mundos que se encuentran dentro de la ficción, Belle Dormant fascina sin llegar a extenuar. El fondo queda supeditado en todo momento a la forma, por lo que la visión de Arrieta se antepone a una historia tan sencilla como conocida. Este viejo relato transmite frescura y derrocha personalidad, y su atmósfera onírica convierte en una delicia absoluta su visionado. Una película que podrá verse pronto en algunos cines, pues Capricci Cine se encargará de su distribución en España. No se pierdan esta experiencia cinematográfica.

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