Festival de San Sebastián 2016

Toni Erdmann – Hábitat

Maren Ade, que comenzó su trayectoria cinematográfica con un estudio sobre la marginación y la continuó con un trabajo sobre una pareja que solo daba rienda suelta a su verdadero ser una vez se encontraban en intimidad, remata su carrera con la obra más pulida de su filmografía, un trabajo que explora al mismo tiempo la relación entre un padre y una hija que pertenecen a mundos diferentes y el pesar que acompaña al hecho de pertenecer a cada uno de esos mundos.

Así, aunque su estilo ha variado mucho de una a otra película, hay algo que se mantiene intacto en el cine de Maren Ade: un talento innato para trabajar las relaciones entre personas, retratadas con una humanidad y un tacto difícil de encontrar en otros cineastas, evitando caer en el enjuiciamiento de sus personajes y construyendo entidades complejas cargadas de personalidad y desbordantes de vida.

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No obstante, el trato humano que hace la cineasta de sus particulares protagonistas no es la única gran virtud que atesora «Toni Erdmann», que se trata al mismo tiempo de un impecable ejercicio de narrativa cinematográfica, donde se parte de elementos esencialmente dramáticos –de hecho, en manos de alguien con una visión más limitada del cine, sería un drama puro– pasados en última instancia por un filtro cómico.

«Toni Erdmann» se mueve con tanta comodidad entre la comedia y el drama que tiene al mismo tiempo algunas de las escenas más divertidas que recuerdo y algunas de las más emotivas. Y es que si algo destaca en ella es su elegancia: Maren Ade parece tener la película ya hecha en su cabeza donde todo encaja como un guante y fluye con infinita delicadeza, haciendo que sus casi tres horas se sientan como un maravilloso buen rato.

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