Críticas, Estrenos

Los caballeros blancos – En un mundo mejor

Joachim Lafosse traslada la disección del esqueleto visible y el tejido interno de las instituciones desde una dimensión más vital y personal −la familia, como se mostraba en algunas de sus obras anteriores, tales como Perder la razón o Propiedad privada− hasta otra más social y reglada en Los caballeros blancos, en la que se narra la intervención de una ONG en Chad para encontrar a niños que se han quedado huérfanos por la guerra civil para que puedan ser adoptados por familias francesas. Este tipo de misiones humanitarias siempre han sido reflejadas en el cine de manera parcial, desde un prisma positivo y favorable a los voluntarios, casi como un obsequio por su labor. Y es por esto que uno de los puntos fuertes de la película de Lafosse es la ruptura del blindaje del tema, permitiendo el cuestionamiento de su propia naturaleza y, en consecuencia, la aparición de vulnerabilidades y disyuntivas. Para ello el director belga reduce la realidad a la percibida empíricamente por cada trabajador de la ONG, de forma que es única respecto al bando pero múltiple en cuanto a la experiencia, lo que saca a relucir tensiones que de otra forma habrían sido obviadas. Así, el factor humano se materializa en el estallido de dilemas cambiantes en lugar de en la bondad o la solidaridad inamovibles.

Los caballeros blancos

La limitación del objeto de estudio se contrapone con las dimensiones del espacio en el que este se desenvuelve, cuya inmensidad, en lugar de dejar espacio para respirar, parece actuar como otro elemento rival más, debido a lo inabarcable de su naturaleza. Lafosse juega con este doble carácter combinando planos cortos con cámara en mano para referirse a las identidades individuales de ese grupo de voluntarios en concreto, con panorámicas de movimiento suave para contextualizar la trama, y planos fijos largos para generalizar la acción que está ocurriendo a toda la profesión, con un objetivo más global.

Los caballeros blancos1

Otro de los aspectos llamativos de Los caballeros blancos es la introducción de un personaje que no pertenece a la organización en sí, sino que realiza la filmación de los pasos de esta durante su estancia en Chad. Esta documentalista parece seguir en la historia un recorrido similar al que realiza Lafosse en la construcción de la película, lo que puede funcionar en cierta forma como ejercicio de autocrítica, permitiendo también a la cinta reflexionar sobre sí misma: comienza de forma imparcial, intentando mantener sus opiniones al margen de la acción, hasta que el transcurso de los hechos acaba consiguiendo que su identidad e intenciones se fusionen con las de los protagonistas.

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