Críticas, Estrenos

Regreso a casa – Te quiero para siempre

El psicólogo Roger Selman centró parte de sus estudios en la evolución de la percepción del concepto de amistad a lo largo de la infancia y la adolescencia. En los dos primeros estadios vitales (3-5 años y 6-8), la amistad se identifica primero con interacciones esporádicas y compañeros temporales de juego, y luego con el apoyo unidireccional, de forma que se entiende como amigo a la persona que aporta beneficios, sin tener en cuenta lo que uno mismo le proporciona al otro. En la siguiente etapa (9-11 años) se introduce por primera vez esta idea de reciprocidad, aunque sólo en momentos puntuales, y no es hasta el último estadio (11-12 años) cuando se considera la noción de continuidad, que permite el mantenimiento de la relación a lo largo del tiempo, y se incluyen elementos psicológicos en el establecimiento de la amistad. Así, el camino a la madurez estaría relacionado con una mayor abstracción del significado personal del término.

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En Regreso a casa, Zhang Yimou parece retomar las ideas del último estadio y extenderlas al concepto de amor, intentando incluso radicalizar aún más esa abstracción, sustituyendo la reciprocidad por una relación asimétrica basada en el cuidado del otro –algo diametralmente opuesto a lo establecido en la segunda etapa de la teoría de Selman–, y eliminando la necesidad de simultaneidad temporal.

La película, al igual que la protagonista, parece suspendida en un tiempo pasado pero indeterminado, creando una sensación global casi anacrónica debida al uso de ciertos elementos que integran el clasicismo en su identidad cinematográfica. En un plano interno, el amor se percibe en un estado de hibernación indefinida, siendo lo primordial no el despertar de dicha condición sino la preservación del posible emisor. La sensibilidad del director penetra en cada grieta de la corrección de un guion que podría haber resultado demasiado simple en otras manos, pero que Yimou hace rico gracias a una dirección cercana y pura, y al uso de la música como elemento dialogante, cuyo valor reside en su interacción con la historia y no en su capacidad para forzar sentimientos.

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