Críticas, Estrenos

El verano de Sangaile – Vértigo

Hace algo más de dos meses se estrenó comercialmente en algunas salas españolas la lituana Peace to Us in Our Dreams, sin duda una de las mejores películas de lo que llevamos de año. Es curioso que en un espacio temporal tan reducido vayan a estrenarse dos cintas de origen lituano, pues esta semana es el turno de El verano de Sangaile, el segundo largometraje de Alanté Kavaïté. En esta ocasión no debemos agradecer únicamente la posibilidad de ver películas de cinematografías tan exóticas como la lituana, pues nos encontramos ante obras autorales de auténtica calidad, deliciosas en la consecución de sus objetivos individuales. Podríamos resumir la experiencia que supone esta película como un viaje sensorial de autodescubrimiento, una búsqueda de la identidad propia a lo largo de un cálido y colorido verano que colisiona con el frío carácter de la protagonista y la relación que mantiene con sus padres. Así, desde las primeras imágenes de la cinta, vemos el contraste existente entre las mutilaciones que se realiza Sangaile con un compás y el verdor de las praderas que rodean la casa vacacional de su familia, en las inmediaciones de la ciudad de Vilna.

Sangaile 1

Sangaile es una joven de diecisiete años que está obsesionada con los aviones de acrobacias, pero su deseo de volar no puede materializarse pues subirse a un avión le produce verdadero pavor. En un espectáculo aeronáutico que tiene lugar cerca del pueblo de sus padres, un cruce de miradas entre Sangaile y Austé, una chica de su edad, es capaz de poner en escena la relación que posteriormente se convertirá en el hilo conductor de la narración. Una narración que, por otra parte, resulta desconcertante en su linealidad, pues salta de unos momentos a otros siguiendo la naturaleza fugaz del verano que comprende el relato. Sangaile encuentra por fin a una persona capaz de entender sus problemas, de ayudarle a superarlos e incluso de ejercer de guía en el descubrimiento de su sexualidad. Como nos encontramos ante un filme predominantemente sensitivo, en el que los silencios y las miradas dicen más que las palabras (los sentimientos jamás llegan a ponerse en boca de las protagonistas, algo que es muy de agradecer), la homosexualidad es algo tratado con verdadera naturalidad, y su relevancia en el transcurso del relato es mínima. Austé está dispuesta a eliminar el Vértigo de Sangaile, a volar y a la propia vida, y ese es el proceso que Kavaïté pretende (y logra) mostrarnos.

Sangaile 2

Lo más destacable de El verano de Sangaile es la facilidad con que la forma construye el fondo, el virtuosismo de la directora para equiparar el descubrimiento vital de la protagonista con el descubrimiento formal de la propia cinta. El papel que juegan todos y cada uno de los elementos está dirigido a potenciar la experiencia sensorial: el sonido de los aviones de acrobacias, la utilización de la música extradiegética, el simbolismo de algunas de sus imágenes, etc… Sin la labor de las dos jóvenes protagonistas hubiera sido imposible llevar a cabo este proyecto, pues el buen funcionamiento de la película dependía de su conexión en pantalla, que nos deslumbra gracias a la belleza de los planos en los que ambas forman parte del encuadre. La fase de continuo descubrimiento por la que pasa el filme va dejando a su paso una serie de preguntas que, al menos en su mayoría, no necesitan respuesta. No obstante, la elipsis final es clarividente al respecto, cerrando definitivamente el círculo, el viaje de Sangaile.

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