Atlántida Film Fest, Festivales

Atlántida Film Fest 2016 (2)

Una vez expuestas nuestras impresiones sobre el primer contacto con la sección Generación, llega el turno de hacer lo propio con Memoria, que pretende mostrarnos errores del pasado para no volver a caer en ellos, y que nos ha dejado los dos mejores títulos de lo visionado hasta el momento. Sin intención de ser categórico y a expensas de lo que está por venir, veo muy complicado encontrar alguna película cuyo aprovechamiento del lenguaje cinematográfico sea tan interesante como el visto en dos de las cintas de las que os voy a hablar a continuación. En esta ocasión hemos atravesado el Reino Unido, Estonia y Francia, con propuestas que apenas contienen elementos coincidentes, si acaso su pertenencia a la misma sección dentro del festival.

The Childhood of a Leader (Brady Corbet, 2015)
The Childhood of a Leader (Brady Corbet, 2015)

The Childhood of a Leader es la ópera prima de Brady Corbet, un actor estadounidense que con tan solo 27 años puede presumir de haber estado a las órdenes de directores como Lars von Trier, Michael Haneke, Noah Baumbach, Mia Hansen-Løve y Ruben Östlund. Tras disfrutar de su primer largometraje queda patente la importancia que ha tenido cada uno de ellos en su aprendizaje como cineasta, oficio en el que, aun siendo deudor de algunos de esos nombres y de muchos otros, pasados y presentes, tiene la suficiente personalidad como para apuntar su nombre en la lista de voces a tener en el cuenta en el panorama del cine de autor internacional. Si bien es cierto que me mantengo alejado de las loas vertidas por cierta parte de la crítica, no puedo evitar caer rendido ante el potencial del inicio y el cierre de este debut; si la obertura de The Childhood of a Leader sienta perfectamente las bases de lo que vamos a ver, material de archivo y banda sonora atronadora -y tremendamente sugestiva- mediante, el epílogo se encarga de cuantificar la entidad de esta carta de presentación. El trabajo de cámara y sonoro es de una exquisitez inenarrable, tanto que logran trascender sin ningún problema el efectismo de lo narrado.

El joven actor y cineasta toma como punto de partida un relato corto Jean Paul Sartre, en el que nos muestra a través de tres momentos concretos la gestación de un líder fascista en el período transcurrido entre las dos guerras mundiales. Tomando como antesala de todo la habitación de la madre (estupendo trabajo de Bérénice Bejo), principal influencia autoritaria para el pequeño (inquietante y brillante Tom Sweet), Corby construye un relato que necesita del acompañamiento musical de Scott Walker para mantener la intensidad. El cuidado de cada detalle de la puesta en escena hace de cada pasaje algo único, pero la construcción de los personajes resulta ser mucho más simple y vulgar de lo esperado, pues jamás llega a establecerse un verdadero diálogo entre el espectador y la endiablada psicología del protagonista. Con todo, nos encontramos ante el trabajo más sugerente de lo visto hasta este momento.

In the Croswwind (Martti Helde, 2014)
In the Croswwind (Martti Helde, 2014)

Hace unos minutos pensaba en la imposibilidad de establecer alguna analogía entre las cintas que motivan esta entrada, pero no había caído en la edad de los realizadores debutantes. Martti Helde, director de In the Crosswind, filmó su ópera prima también a los 27 años. Encontramos así dos voces muy diferentes pero igual de esperanzadoras, que construyen el fondo de sus obras a través del trabajo formal y no al revés. En esta ocasión viajamos a las entrañas del Holocausto soviético, pero lo hacemos situándonos bajo la perspectiva de las minorías que fueron expulsadas de sus hogares por orden del líder soviético Joseph Stalin, que decidió purgar los países bálticos de sus habitantes nativos. Así las cosas, In the Crosswind es narrada mediante las cartas que le escribió Erna a su esposo cuando fue deportada a Siberia junto a su hija.

Ya relevante por el simple de hecho de da visibilidad a unas víctimas que no han sido demasiado recordadas a lo largo de la historia del cine, In the Crosswind encuentra su mayor aliciente en el lenguaje fílmico escogido por Helde para narrar esta conmovedora historia. Aprovechando la sensación que describía la joven Erna en sus cartas: “Me siento como si el tiempo se hubiera detenido aquí en Siberia”, el joven realizador estonio congela la imagen para deslumbrarnos y conmovernos a través de 13 bellísimos tableux vivants, donde la voz en off de Erna resuena mientras la cámara persigue y se aleja continuamente de los rostros de las víctimas de tamaña aberración. Sin embargo, Helde tiene el descaro de suficiente para darle al botón de reproducir cuando es necesario, cuando cree conveniente que las imágenes sigan su orden natural. La belleza de sus imágenes, en preciosista blanco y negro, hacen aún más bellas y dolorosas las palabras de una mujer que tuvo que dejar toda una vida atrás.

Los anarquistas (Elie Wajeman, 2015)
Los anarquistas (Elie Wajeman, 2015)

Bastante más discretas son las intenciones y el resultado de Los anarquistas, el segundo largometraje del francés Elie Wajeman. En pleno año 1899, el brigadier Jean Albertini, un huérfano de origen humilde, es elegido por sus superiores en la policía para infiltrarse en un grupo de anarquistas. El joven encuentra ahí una posibilidad de ascender en sus aspiraciones vitales, pero para ello deberá enfrentarse a sus propios sentimientos y convicciones. A pesar de haber sido considerada por algunos como fallida por no retratar de forma inspirada la lucha anarquista, Los anarquistas no es ni mucho menos una película deshonesta. Desde un primer momento quedan claras las intenciones románticas del director, que utiliza el anarquismo para contextualizar una relación amorosa y también alguna de amistad. Así las cosas, el filme es antes falto de ambición que de honestidad, por su forma rutinaria de tratar este interesante material que intercala ficción con un poco de realidad.

Los anarquistas se desarrolla disfrazada de policíaco, pues el devenir argumental tiene más de eso que de romanticismo; sin embargo, el aura de la historia está mucho más cerca del romance que de las operaciones llevadas a cabo por estos grupos. Rudimentaria en el tratamiento psicológico de su protagonista, cuya evolución y motivaciones nunca llegan a trascender lo que es necesario a nivel argumental, la cinta encuentra su mayor aliciente en la química existente entre Tahar Rahim y Adèle Exarchopoulos, mucho más que convincentes en sus respectivos roles. Sus buenas intenciones, unidas al interés de su historia y una narración compacta aunque falta de espíritu, hacen de ella un producto hasta cierto punto disfrutable.

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