Críticas, Estrenos

La belle saison (Un amor de verano) – Dentro del movimiento

¿Pueden prevalecer las emociones, el amor verdadero, ante el compromiso político? La estructura y desarrollo de Un amor de verano parece dejar clara cuál es la posición de Catherine Corsini, su directora, al respecto. La película comienza como si una extensión de Después de mayo (Olivier Assayas, 2012) se tratara, contextualizada también en el París de 1971, pero con el foco de atención puesto en el Movimiento de liberación de las mujeres. En su primera mitad conviven la ficción politizada -que, al igual que la cinta de Assayas, nos muestra la incertidumbre de la época de forma sobresaliente- y el romance, que poco a poco se va asentando hasta apoderarse del filme en su segunda mitad, donde las convicciones se ven superadas por unos sentimientos que, como bien dice Carole -genialmente interpretada por Cécile de France-, nunca imaginó que fuera a tener. De no ser porque Corsini plantea de forma muy interesante las diferencias entre lo urbano y lo rural, pensaríamos que la intensidad de su amor es al mismo tiempo el detonante de su fugacidad, al menos en términos físicos.

Amor de verano 1

Delphine (Izïa Higelin), una joven hija de campesinos, viaja a la ciudad parisina en busca de cierta independencia financiera, algo impensable para la época. En su viaje conocerá a Carole, una profesora felizmente casada que lucha activamente por los derechos de las mujeres. Su amistad nace de forma casual, y Delphine, atraída por su fascinante personalidad, comienza a asistir a las reuniones de la revuelta feminista. Los parecidos entre ambas son tan evidentes como sus diferencias, que recaen principalmente en su procedencia y en lo que esperan de su propia sexualidad. Mientras la primera se sabe homosexual, la segunda jamás ha experimentado atracción por ninguna mujer. Pero el amor surge y, justo cuando marchan mejor las cosas, Delphine recibe la llamada de su madre comunicándole que su padre ha sufrido un accidente y que por tanto debe regresar a la granja de la familia. Y es aquí donde encontramos la ruptura la película, que se desentiende casi totalmente de su contexto para afrontar la fase más complicada de la relación. Carole se traslada al hogar de Delphine, donde deberán ocultar sus sentimientos por miedo a la reacción de su madre y del resto del pueblo.

Amor de verano 2

Si bien es cierto que la melancolía de la segunda mitad acerca a la película a terrenos mucho más convencionales, también lo es que su efectividad y honestidad logran trascender el tópico y la etiqueta. Con uno de los usos más climáticos de una banda sonora que he podido advertir en mucho tiempo, Corsini construye un romance sincero y desprejuiciado, mucho más natural a la hora de filmar la desnudez femenina que muchas otras películas LGTB recientes. Sin embargo, lo que durante casi todo el metraje es narrado con agilidad y sutileza, en los últimos minutos se convierte en atropello y divagación un tanto innecesaria. Las líneas del guion se imponen a la naturalidad y sencillez de la puesta en escena, que se ve perjudicada en un par de momentos por la aparición de conflictos que se sustentan en el diálogo. No obstante, la elipsis final logra suavizar el descontento causado por algunas decisiones -a mi parecer- erróneas.

Como desde aquí rechazamos desde hace tiempo la etiqueta de “película necesaria”, dejaremos el testigo a otros que lo utilizarán sin ningún problema. La importancia de esta obra reside en su polifacética primera mitad, por la relevancia histórica del movimiento -aún con trabajo por hacer a estas alturas- y por la ejemplaridad con que enmarca el romance en el contexto. Cuando el amor desaparece o se antoja imposible, la lucha continúa.

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