Críticas, Estrenos

Independence Day: Contraataque – Ruido y destrucción

Como sucede con otro director como Michael Bay, Roland Emmerich tiene una faceta casi onanista con las explosiones y el derroche visual. Este último ha demostrado que se encuentra encorsetado en un único prototipo de película. Sus acercamientos a proyectos más escuetos han sido ridiculizados por el público y la crítica –en especial Stonewall, que fue vituperada duramente en el pasado festival de Toronto–. Por lo tanto, siempre tiene que recurrir a su arrobamiento reiterativo y descerebrado. En ese aspecto, Independence Day: Contraataque es honesta con el espíritu de Emmerich. El problema es esa abulia en cuestiones que no se atañen al número de explosiones por segundo. La estructura de esta secuela de la mítica película de 1996 protagonizada por Will Smith es completamente análoga a su predecesora y, en general, a todo el cine del director alemán de esta índole. Esto limita enormemente el interés que pueda generar al público objetivo que va dirigida la cinta en cuestión. Es tremendamente complicado encontrar alguna característica que no poseyese la anterior.

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En Independence Day: Contraataque se vuelve a frivolizar sobre el fin del mundo. También intenta vender esa pueril moralina sobre la unión entre países de una manera un tanto superficial. Siendo la destrucción masiva el verdadero aliciente de estas cintas –en este caso, algo exigua viniendo de Emmerich– toda esa incursión en discursos banales termina resultando fútil. No obstante, sigue predominando la autoconsciencia y la parafernalia digital; los gags fuera de lugar y poco inspirados; el patriotismo desmedido. Y la fidelidad a este molde impide disquisición alguna. De hecho, en contraste con la larga duración que suele caracterizar a sus películas –dos horas y media en el caso de la primera Independence Day o las casi tres horas a las que se acercaba 2012–, este último trabajo de Emmerich no sobrepasa las dos horas. En una época en la que los blockbusters tienen duraciones desmedidas, se agradece la capacidad de síntesis del director alemán. Esto obviamente es un problema para la narración ya que se antoja poco fructífera y muy apresurada, pero sería preocupante que alguien se dirigiese a estos productos en busca de algo que no fuese el puro espectáculo visual y pirotécnico.

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Independence Day: Contraataque no debería de convertirse en una decepción para cualquier amante del subgénero de las catástrofes. Ofrece lo que promete. No obstante, eso no la convierte algo bueno. Todo el cine que hace Emmerich ha sido y seguirá siendo algo completamente ominoso. Creo que existen divertimentos comerciales con una mayor dedicación que la película que hoy nos ocupa. Esas cintas son las que habría que respaldar con los buenos resultados en taquilla.

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