Críticas, Estrenos

Desde allá – Toxicidad formal

Galardonada con el León de Oro en el pasado Festival de Venecia y tras su paso por los festivales de Toronto y San Sebastián -encuadrada en la cada vez más potente sección Horizontes Latinos-, llega a nuestros cines el filme venezolano Desde allá, dirigido por Lorenzo Vigas. En el equipo de la película encontramos figuras (re)conocidas como Guillermo Arriaga -guionista- y Michel Franco -productor-, que recibieron el premio de la mano de su compatriota Alfonso Cuarón. No deja de ser curiosa esta casualidad, como tampoco lo es el estilo en la dirección de Pablo Trapero -bastante influido por el director mexicano-, premiado con el León de Plata por El clan. Bajo la opinión de quien escribe estas líneas, habría que remontarse infinidad de años en el tiempo para encontrar un palmarés tan descafeinado en un festival de clase A.

Aquí le damos a los premios la importancia que merecen, que es única y exclusivamente relevante a nivel de distribución internacional. O ni siquiera eso, pues, entonces ¿por qué se estrena antes una mejor ópera prima de Berlín que un mejor guion de Cannes? Que 600 millas esté dirigida por Gabriel Ripstein, hijo de Arturo Ripstein, puede ser la clave para encontrar la respuesta. En cualquier caso, estamos hablando de un tipo de cine demasiado minoritario en nuestro país como para pensar en intereses comerciales. Siempre es un placer que lleguen propuestas de tierras sudamericanas (o centroamericanas), pero es doloroso ver cómo se estrenan películas mediocres mientras otras caerán en el olvido sin pasar por nuestras salas. Michel Franco, productor de ambos trabajos (Desde allá y 600 millas), es al mismo tiempo director de Chronic, una de las mejores películas de 2015. Ya no hablamos de la diferencia de nivel entre esta producción y las anteriores, sino de que muchas de sus mayores virtudes (sentido narrativo del plano fijo y la elipsis) son, paradójicamente, errores de bulto en las otras.

Desde allá 1

Desde allá aborda una serie de temas interesantísimos, además de aportar un retrato actual y nada condescendiente de la ciudad de Caracas. Hasta ahí creo que estamos todos de acuerdo. Armando, dueño de un laboratorio de prótesis dentales, es un hombre maduro que espía a su padre mientras lleva chicos jóvenes a su casa a cambio de dinero. Un día se lleva a casa a Elder, un delincuente juvenil que echa en falta una figura paterna. De este encuentro, infructuoso en primera instancia, nacerá una relación de dependencia económico-afectiva, cuyos roles -perfectamente definidos desde el principio- se irán intercambiando progresivamente. El problema, al menos en este caso, no es qué se narra, qué sucede en la diégesis, sino cómo se hace. En cuestiones puramente formales, Lorenzo Vigas se suma a los preceptos de la corriente de cine autor más prolífica del panorama internacional. La mecánica consiste en complementar los planos sostenidos con la cámara en mano, mediante la cual seguimos a la pareja protagonista por la urbe venezolana. El problema aquí es la arbitrariedad, incluso gratuidad, en el uso del fuera de foco, que en cada plano se empeña en aclarar que detrás de su utilización no hay un verdadero sentido narrativo. Algo similar ocurre a la hora de dejar sucesos relevantes fuera de campo o directamente omitirlos mediante elipsis; aunque quizá aquí el problema sea más del propio guion, que empieza a restar naturalidad a la tóxica relación entre ambos a la hora de introductor giros dramáticos que en ocasiones ni siquiera responden a sus intereses comunes. Tampoco los diálogos son nada del otro mundo, pues la reacción ante ellos de uno oscila siempre entre la risa y la incredulidad. Vigas pretende ser sutil y elegante, pero únicamente logra crear un producción inconsistente, abrupta y caprichosa.

Desde allá 2

Esta interesante metáfora entre el poder de la burguesía y las debilidades de los pobres, con la prostitución y la homosexualidad de por medio, merecía un tratamiento mucho más serio y eficaz en su frialdad. Lorenzo Vigas se ha hartado de ganar premios con una película realmente decepcionante, incapaz siquiera de acercarse al nivel de sus coetáneos. Señores distribuidores, desde aquí hago un llamamiento para que traten de distribuir el cine del hombre con más talento de cuantos forman el equipo de estos proyectos. Michel Franco tiene cualidades para convertirse en uno de los cineastas más laureados y reconocidos a nivel internacional, por su juventud y por contar a estas alturas con tres obras notables.

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