Críticas, Estrenos

Mi hija, mi hermana – Heridas abiertas

Contundente, esa es la palabra que mejor define a Mi hija, mi hermana (Les Cowboys, 2015), el debut de Thomas Bidegain -guionista habitual de Jacques Audiard, además de haber trabajado con otros directores de renombre- en la dirección. Ahora entendemos el trasfondo de las películas que han sido escritas por este señor, especialmente las dirigidas por el cineasta ganador de una Palma de Oro por Dheepan. Mientras el filme de Audiard competía en la sección oficial, la ópera prima de Bidegain pasaba desapercibida en la Quincena de los Realizadores de esa misma edición del festival de Cannes. Dos trabajos notables cuyas historias, centradas en los personajes y su desarrollo, se situaban en un entorno hostil y cambiante. La carga social de ambas, por llamarlo de alguna manera, se articula en torno a la narración principal y su evolución y no al revés, por lo que funciona como un contexto realmente enriquecedor. Si en Dheepan coexistían dos conflictos de interés (la microguerra que se libraba en la barriada de su protagonista y la otra, mucho más importante, que tenía lugar en su cabeza, a su vez trastocada por una guerra anterior), en Mi hija, mi hermana la historia se desarrolla con la segregación racial y el terrorismo yihadista como telón de fondo. Bidegain demuestra tener una habilidad apabullante en la escritura, pues la historia navega por terrenos pantanosos sin caer jamás en la moralina.

Mi hija, mi hermana 1

En una pradera situada en el este de Francia se celebra un encuentro de amantes del estilo de vida country y del Lejano Oeste americano. Con un baile padre-hija y un par de planos más se nos presenta a la familia protagonista, formada por Alain, el padre (François Damiens), su esposa Nicole (Agathe Dronne), y sus hijos Kelly (Iliana Zabeth) y Kid (Finnegan Oldfield). Esa misma noche Kelly desaparece, y su búsqueda se prolongará durante más de una década. Ante la incompetencia del cuerpo policial para seguir las pistas que van apareciendo, Alain decide emprender una interminable investigación por su cuenta, con la única e inestimable ayuda de su hijo. Un padre y un hermano -de ahí el título traducido al castellano- en busca de su hija y hermana, fugada con su novio árabe y convertida al Islam. La progresión narrativa de la trama es marcada por atentados como el 11S, el 11M y el del 7 de julio de 2005 en Londres, que nos sitúan temporalmente en cada momento de la búsqueda.

Mi hija, mi hermana 2

Avalada por sus innumerables referentes, desde el cine de Audiard hasta algunas películas de Denis Villeneuve como Incendies y Prisioneros, pasando por Centauros del desierto -al igual que la reciente Bone Tomahawk, su punto de partida recuerda a la obra de maestra de John Ford-, Mi hija, mi hermana llega a nuestros cines sin hacer demasiado ruido. Es tan rica en fondo y forma que ninguno de los referentes es erróneo, pues su constante mutación genérica, evidente entre cada una de las elipsis, la convierte en una película muy especial, tan desgarradora como valiente en su forma de avanzar en el tiempo, sin miedo a dejar atrás personajes ni a cambiar de protagonista si es necesario. De esta manera podemos comprender la evolución del personaje interpretado por Finnegan Oldfield, que demuestra unas cualidades interpretativas sorprendentes, creciendo dentro de la propia película. Los personajes vagan como fantasmas en una serie de entornos cambiantes y hostiles, sabedores de que sus vidas se echaron a perder cuando tomaron ciertas decisiones. La repetición de planos generales nunca nos aleja de los personajes, sino que logra introducirnos en los paisajes y épocas de la narración. Pero el eje central del relato son ese padre y ese hijo, condenados a buscar hasta el fin de sus días. Además del exquisito tratamiento de las elipsis, Bidegain deja patente su calidad en dos de los planos que las preceden, con un manejo de los tiempos y la duración del plano extraordinarios.

Mi hija, mi hermana 3

Mi hija, mi hermana es notable en el drama, el thriller y el western. La película se deconstruye tras cada elipsis y alberga cuatro ficciones distintas dentro de ella. Pero todo está cohesionado a la perfección, con un equilibrio entre pasajes que ya quisieran muchos directores experimentados. Este trabajo logra trascender cualquier etiqueta, equilibrar las diferencias tonales entre unos géneros y otros, y, además, es lo suficientemente redondo como para culminar en forma de bomba emocional. Puede que el final de esta película sea uno de los más potentes y mejor ejecutados que estos ojos hayan visto a lo largo de la década. Un debut impresionante de un guionista que ya había demostrado su talento en la escritura, y que ahora demuestra ser uno de los narradores más prometedores del panorama internacional.

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