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Filmadrid 2016 – Día 6

La Competición Oficial de Filmadrid no da tregua, y la tarde de ayer comenzaba con Mother, una de las películas más esperadas por mi parte. Nos encontramos ante el tercer largometraje del esloveno Vlado Škafar, presente durante y tras la proyección de su nuevo trabajo. En Mother, una mujer lleva a su hija drogadicta a un pueblo en plena montaña italiana y la encierra en una casa en medio de la nada. Lo que a priori iba a ser una excursión indefinida para que la hija superara sus problemas, termina siendo un viaje de (re)descubrimiento para la madre, verdadera protagonista -como bien da a entender el título- de la película. Existe en la cinta una combinación un tanto contraproducente de métodos de filmación. Por un lado, encontramos escenas de gran sensibilidad que trazan la relación maternofilial sin necesidad de palabras; por el otro, momentos cercanos al falso documental en los que se fractura el tono intimista de la narración, pues la palabra toma protagonismo de forma un tanto brusca, estableciendo así un contraste que me distancia por completo de la historia.

Mother (Vlado Skafar, 2016)
Mother (Vlado Skafar, 2016)

Problemas de tono e intenciones (difusas, a mi parecer) aparte, Mother pierde naturalidad con el uso de la música extradiegética, que aparece pocas veces pero ninguna con demasiado sentido. Las salidas musicales (fuera de la diégesis, subrayo) son tan anticlimáticas como la escena final de la película, que aparece después de un bonito y esclarecedor plano que debía haber servido para concluir. Así las cosas, el trabajo del esloveno no se acerca a cumplir unas expectativas que tampoco llego a comprender por qué existían. Sus momentos de gran belleza, sucedidos mediante fundidos a negro que crean una extraña continuidad a través de las elipsis, invitan al espectador a crear en su mente su propia historia; sin embargo, los momentos con los ex adictos, a priori mucho más naturales por su corte casi documental, son un lastre para la interesante -puede que incluso buena- película que Škafar podría haber hecho y no ha querido hacer. Mother enfría mis sentimientos y, poco a poco, me comienza a transmitir un ligero tedio que decanta mi valoración de forma definitiva.

Iván Ginés

Considero esencial iniciar esta parte de la crónica alabando la lucidez por parte de Filmadrid en la retrospectiva sobre Julio Bressane, programando en primer lugar Matou a Família a Foi ao Cinema –que la dirigió con unos escasos 23 años–, seguida de Garoto, su último trabajo. En la primera, se percibe una cierta insolencia impulsiva, producto de la corta edad del cineasta brasileño. Rompe los cánones establecidos y propone una reflexión sobre la relación abstrusa que existe entre el amor y la muerte. Es un trabajo que demuestra una determinación que no se corresponde a su tiempo. Bien puede inspirarse en algunas cintas de Murnau, como Tartufo o el hipócrita, o recurrir a elementos característicos de la Nouvelle Vague.

Matou a Família e Foi ao Cinema (Júlio Bressane, 1969)
Matou a Família e Foi ao Cinema (Júlio Bressane, 1969)

Entonces, llegamos a Garoto. Entre ambas cintas quedan 46 años. Bressane sigue planteando unas cuestiones análogas, pero con un ejercicio de mayor contención. No se deja llevar por los excesos y arrebatos emocionales. La experiencia en su holgada carrera le ha dotado de un conocimiento innato de los elementos cinematográficos. Construye un microcosmos mediante un diseño sonoro absolutamente impresionante. Ayer también se pudo ver otra película, O Espelho, que, junto a Garoto, forman un cuadríptico sobre el fin de la existencia. Entre sus múltiples virtudes, el verdadero atractivo del Filmadrid es este: acercar al público figuras tan fascinantes y enriquecedoras como Julio Bressane, que, por desgracia, son desconocidas para gran parte del público.

Brian Garrido

Más tarde sería el turno del nombre de la Competición Oficial, Sergei Loznitsa. A la hora de pararse a cuadrar horarios con la programación de Filmadrid disponible, es más que probable que el nombre del bielorruso fuera el único que conocíamos todos los acreditados. Su repetida presencia en un festival como Cannes le ha permitido labrarse cierto reconocimiento en círculos minoritarios. Tras realizar sus dos primeros (y por ahora únicos) largometrajes de ficción, ambos a competición en el festival de la costa azul francesa, Loznitsa regresa al documental, terreno en el que se siente más cómodo. La película que hemos podido disfruta se titula The Event. A través de material de archivo recogido por ocho camarógrafos en la época, Loznitsa realiza una crónica sobre el fallido golpe de Estado que puso fin a 70 años de largo gobierno soviético en agosto de 1991.

The Event (Sergei Loznitsa,  2015)
The Event (Sergei Loznitsa, 2015)

Más de 20 años después, el director de Maidan decide revisitar los acontecimientos que pusieron punto y final a la URSS. Quizá lo más relevante de este trabajo sea la calidad, tanto en la imagen como en los movimientos de cámara -algunos de ellos muy cinematográficos-, del trabajo llevado a cabo por los periodistas que tuvieron que captar los acontecimientos. Loznitsa selecciona bien el material para reflejar lo vivido en las calles esos días, el apoyo incondicional a Yeltsin de gran parte del pueblo y el definitivo cambio de bandera por la tricolor de Rusia. Sin embargo, el cineasta concluye de forma desconcertante, postergando el cierre hasta el siguiente intervalo de pantalla en negro acompañado por la música de El Lago de los cisnes.

Iván Ginés

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