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Filmadrid 2016 – Día 5

Si la cuarta jornada del festival fue la más potente hasta la fecha y nos dejó el mejor programa doble (y las mejores películas hasta el momento), la quinta nos proporcionó la experiencia cinematográfica de Filmadrid. Pero primero hablemos del cortometraje que acompañaba la proyección de dicha película, The Digger. En él, Sultan Zeib Khan cuida las ruinas de una necrópolis del Neolítico donde permanecen los restos de los fundadores de la nación. La película se desarrolla en el desierto de Sharjah, donde Zeib Khan lleva repitiendo un mismo ritual a diario durante los últimos 20 años. A través de planos generales alejadísimos de su figura, contemplamos una ardua tarea que no perturban ni las condiciones climáticas adversas. Una figura que se encuentra físicamente en el presente pero que ha decidido permanecer junto a los restos de sus antepasados. Una decisión como cualquier otra; una decisión como la que toma Ali Cherri, director del cortometraje, que no logra despertar una sola sensación positiva en mi persona durante casi media hora de metraje. El trabajo más anodino de la Competición Oficial, sin ninguna duda.

O Espelho (Rodrigo Lima, 2015)
O Espelho (Rodrigo Lima, 2015)

Ahora sí, toca de hablar de O Espelho, una fascinante experiencia cinematográfica. Siguiendo una llamada misteriosa, un hombre se ve impulsado a entrar en una casa deshabitada. Una mujer emerge del barro desde el fondo de un lago, como si el agua hiciera la función de un espejo. El encuentro entre ambos desata una inquietante experiencia que, entre lo surrealista y lo onírico, exhibe un poder narcótico indescriptible. El director Rodrigo Lima, montador de algunas películas de Júlio Bressane, adapta un cuento de Machado de Assis en esta rara avis de la narración. Inicialmente son las imágenes las encargadas de atraparnos, por su belleza y por la habilidad de Lima para encuadrar; pero más tarde empieza a adquirir protagonismo el sonido, que nos sumerge de lleno en esta ensoñación, tan hipnótica como perturbadora. Una realidad distorsionada, vista desde el otro lado del espejo (los personajes siempre se sitúan de forma que parece haber una pared invisible o espejo entre ellos), ejemplifica las dos almas que tiene el ser humano, ambas igual de puras. Este viaje sensorial evoca la memoria dentro del sueño, como si existirían incontables realidades simultáneas, todas verdaderas y/o todas falsas.

Un momento a destacar en la película, que recuerda bastante a uno visto en Sayônara, el filme de Kôji Fukada, es cuando se suceden una serie de encadenados que funden el rostro de los protagonistas con imágenes tomadas en Super-8. El cuento de Machado de Assis, o de Rodrigo Lima en este caso, se convierte en romance y más tarde en pesadilla. El desdoblamiento existencial es precedido por el de las imágenes en un trabajo de composición sobresaliente, con una fuerza (y belleza) estética que perturba por sí sola. Para servidor, será muy complicado superar el cúmulo de emociones que provoca esta pequeña maravilla, que en poco más de una hora revoluciona una Competición Oficial con un nivel medio nada desdeñable.

Roundabout in MY Head (Hassen Ferhani, 2015)
Roundabout in MY Head (Hassen Ferhani, 2015)

La jornada concluiría con Roundabout in My Head, un documental argelino dirigido por Hassen Ferhani. El realizador pretende diseccionar la sociedad argelina, para lo que se sirve de una muestra bastante interesante: los trabajadores y clientes de un matadero situado en el distrito Ruisseau de Argel. Las relaciones entre los hombres -las mujeres no tienen presencia física en la película- se rigen por reglas no escritas, y tan pronto escuchamos sus expectativas amorosas como los conflictos que surgen en las eternas jornadas laborales que se ven obligados a realizar, en una situación demasiado cercana a la esclavitud. El trabajo es bastante funcional, y aunque no hay lugar para alardes técnicos-narrativos se plantean cuestiones tan interesantes como las esperanzas futuras (más bien la falta de ellas) de una juventud un tanto perdida. La vida de los animales llega a su fin -aquí se echa en falta alguna imagen más explícita de las matanzas para entender mejor el paralelismo-; mientras tanto, en ese mismo espacio, la humana continúa imperturbable.

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