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Filmadrid 2016 – Día 3

Siguiendo con lo programado en la Competición Oficial, tocaba desplazarse a los Cines Conde Duque Alberto Aguilera para ver Sayonara, un trabajo del japonés Kôji Fukada, premiado hace menos de un mes en Cannes por Harmonium, su última película. En Sayonara, Japón está quedando devastado por las bombas. Los afectados son evacuados a una zona apartada en la que conviven con androides. Muchos de ellos intentan escapar de allí, pero la cuota de refugiados es limitada. Mientras tanto, los sentimientos y reacciones de Tanya, una joven de origen sudafricano, empiezan a robotizarse. Por su parte, la androide que vive con ella empieza a desarrollar unos sentimientos cada vez más humanos, quizá los que a ella le pertenecían, en un intercambio natural que se ejemplifica de forma magnífica a través del paso del tiempo con las elipsis (estupendo juego con la luz del día para ejecutarlas).

Sayonara (Kôji Fukada, 2015)
Sayonara (Kôji Fukada, 2015)

Sayonara tiene momentos de gran cine, pero carga a sus espaldas con ciertos problemas narrativos. Algunos tramos carecen de vida, por su monotonía argumental y por las dificultades a la hora de mostrar el paso del tiempo dentro de un mismo espacio. Pero todo es solventado gracias a determinas secuencias notables, cuando la película se pone más profunda y metafórica. El relato, considerado a priori como una historia de ciencia ficción, es tremendamente humano e intimista, sin renunciar en ningún momento a las interesantes -y ya conocidas- cuestiones acerca de la inteligencia artificial. Es en ese trasvase de sentimientos, de vivencias, e incluso de memoria a un nivel más global, donde Sayonara se postula como una producción estéticamente bella y emocionalmente intensa a pesar de sus problemas rítmicos. Al fin, tras infinidad de elipsis y sueños rotos, vemos cómo florecen de nuevo las flores de bambú. Quizá sea un nuevo comienzo, o la humanización definitiva de los no humanos.

Iván Ginés

A continuación regresamos a los Cines Paz para continuar con la retrospectiva dedicada a la figura de Pietro Marcello, un autor en cuya obra podemos apreciar determinadas constantes, en especial el elemento nostálgico a la hora de hablarnos del pasado de personas y lugares. En La bocca del lupo, el cineasta italiano combina lo particular con lo general, el intimismo de una difícil historia de amor con la visión fantasmagórica de una Génova muy lejana en el tiempo. Las filmaciones de la ciudad a lo largo del siglo XX tienen un gran protagonismo en la primera parte del documental, a pesar de que la narración esté conducida por las grabaciones que se enviaban Enzo y Mary durante la estancia del primero en la cárcel.

La boca del lupo (Pietro Marcelo, 2009)
La boca del lupo (Pietro Marcelo, 2009)

Puede que nos encontramos ante el trabajo más completo (también ante el que mayor recorrido internacional ha tenido) de Marcello hasta la fecha y a falta de ver Bella y perdida, cinta de la que mañana os hablará mi compañero Brian. La obra es rica en su complejidad, en esa inagotable búsqueda de diversas formas de observación de la ciudad genovesa y sus bajos fondos, a los que ahora pertenecen Enzo y Mary, que se enamoraron tras coincidir en la cárcel. Algo anodina por momentos, La bocca del lupo se guarda lo mejor para la conclusión: un cara a cara sincero y apasionado entre la pareja, que desata las primeras risas y puede que también las primeras lagrimas. Sin llegar a fascinarme, el cine de Marcello se construye de forma coherente y progresiva, con cierta evolución formal pero siempre ligado a unas temáticas y a unos tiempos (más pasados que presentes).

Iván Ginés

Lo que propone Frederick Wiseman con In Jackson Heights no es un análisis, ni tampoco una radiografía del lugar como tal. No emite ningún tipo de juicio. Otorga a la cámara una entidad palpable y, mediante un uso muy lúcido de las elipsis, establece un tour por unos de los barrios que se caracteriza por su profusa diversidad cultural. Con una falsa continuidad en la narración, ordenando de manera arbitraria los pequeños núcleos de tiempo que van surgiendo de la cotidianidad y confrontación con los valores que rigen el país, se crea un microcosmos fascinante.

In Jackson Heights (Frederick Wiseman, 2016)
In Jackson Heights (Frederick Wiseman, 2016)

El documental termina pecando de una cierta redundancia. Para nada es algo desdeñable, pero sí habría resultado interesante comprobar la relación que existe entre el mestizaje que define al barrio de Queens con otras cuestiones relevantes, como el sistema sanitario. En cierto modo, este último trabajo de Wiseman se acerca a la maestría que ha demostrado David Simon –el cual es admirador del director– en The Wire o Treme.

Brian Garrido

El cierre de la jornada nos trasladaría de nuevo a la Competición Oficial, donde veríamos la única película de esta edición -de momento- a la que me cuesta horrores encontrarle algo positivo. The Fourth Direction es el segundo largometraje del director indio Gurvinder Singh, y fue presentado en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes en 2015. Esta película es una prueba clarividente de lo fácil que es convertir el costumbrismo en banalidad e intrascendencia. Su principal problema es una estructura un tanto arbitraria, que trata de cohesionar dos relatos muy distintos -y con un metraje muy desigual- en un entorno de conflicto e incertidumbre. La conexión entre ambas historias, que se suceden con cinco meses de diferencia, se produce por el estado de indefensión de un hombre entre los excesos del ejército indio y de los separatistas sikh.

The Fourth Direction (Gurvinder Singh, 2015)
The Fourth Direction (Gurvinder Singh, 2015)

De formas cuidadas, ritmo pausado y atmósfera envolvente, el filme de Singh fracasa por su incapacidad a la hora de transmitir un componente dramático palpable. Ni en la superficie ni tras ella encuentro un solo motivo de peso que justifique casi dos horas de pesada cotidianidad, con las dificultades de un hombre por matar a un perro que no para de ladrar y que pone en serios problemas a su familia, intimidada por ambas facciones. La primera gran decepción del festival, más por su falta de alma y pulso narrativo que por sus intenciones, nobles a la par que interesantes. La analogía entre la situación del perro y el pueblo indio en los años 80 (y quizá en la actualidad) no es fructífera, y es el espectador quien acaba siendo apaleado por una película que nunca logra despegar.

Iván Ginés

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