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Filmadrid 2016 – Día 2

La segunda jornada de Filmadrid daba comienzo con un díptico del documentalista italiano Pietro Marcello, a quien se le ha dedicado un espacio en la sección Focos con motivo del inminente estreno de Bella y perdida, su último trabajo. En primer lugar pudimos ver Il passaggio della linea, un mediometraje que se adentra en el recorrido nocturno de los trenes, donde a través de una serie de personajes, entre los que destaca el vagabundo Arturo, hilo conductor de la narración, presenciamos diversos testimonios de la otra cara de la Italia contemporánea. El ferrocarril y los paisajes que transita adquieren vida propia en este inagotable y enérgico relato nocturno, que decae en intensidad cuando decide escapar de su contexto y sus particularidades. Una obra nostálgica y al mismo tiempo esclarecedora, que indaga en los recovecos de un mundo sin salvación.

Il passaggio della linea (Pietro Marcello, 2007)
Il passaggio della linea (Pietro Marcello, 2007)

El complemento a dicha película fue Il silenzio di Pelesjan, un trabajo en las antípodas del que pudimos ver anteriormente. En palabras del propio Pietro Marcello, esta obra sólo es suya a medias. ¿Qué quiere decir el cineasta italiano con esto? Muy sencillo. Gran parte de las imágenes que vemos en este trabajo pertenecen a la obra del exótico y desconocido autor armenio formado en la Unión Soviética. Las imágenes de ambos autores se suceden en un documental que, sin establecer un diálogo claro entre miradas, nos obliga a visionar los 140 minutos de cine que realizó Pelesjan, cuyo silencio evitaba la, según él mismo, violencia de las palabras. Mientras el primer trabajo sobrevivía y encontraba su atractivo gracias a la energía de Marcello, el segundo logra algo similar desde la (im)personalidad del material ajeno. Un inicio prometedor, no cabe duda.

Iván Ginés

“La creación artística exige del artista una verdadera «entrega de sí mismo», en el sentido más trágico de la palabra”.

“El cine es para él representación de las relaciones sutiles que se establecen entre los fenómenos más secretos de la vida. Si esto no se cumple, la vida en la pantalla «parece convencional y monótona». Para conseguir tal representación, el cine recurre a imágenes, a la vida real, a momentos en el tiempo y no fuera de él”.

No Home Movie (Chantal Akerman, 2015)
No Home Movie (Chantal Akerman, 2015)

La mejor manera de definir qué es No Home Movie es recurrir a estos dos aforismos del egregio cineasta soviético Andrei Tarkovski. Lo que Akerman realizó con este largometraje adquirió una singularidad que rara vez se da lugar. Lo que supone este último trabajo de la cineasta belga es un documento que rompe los cánones por los que se rige el cine. Explora unos límites en los que la propia determinación en una vida real y palpable está condicionada con la obra que el artista muestra al público. Akerman falleció hace un año. Se suicidó tras caer en una profunda depresión. Tácitamente, sin ser consciente de lo que supondría No Home Movie, esta obra maestra termina contagiando toda la melancolía de la cineasta. Algo análogo le sucedió a Tarkovski con Nostalgia –en general, toda su obra ha estado terminantemente influida por su salud anímica–. La grandeza en este arte surge de la pureza. Cuando presenciamos algo así, la palabra es superflua.

Brian Garrido

La siguiente proyección sería la primera de la Competición Oficial, con un programa doble que incluía un largometraje y un cortometraje. El largometraje en cuestión, El movimiento, fue presentado en la pasada edición del Festival de Locarno. Dirigida por Benjamín Naishtat, la película nos sumerge en la Argentina del año 1835, inundada por la peste y la anarquía. En un prólogo filmado en plena luz del día (el resto del filme se desarrolla en la oscuridad), vemos cómo un grupo violento comandado por un coronel de dudosa salud mental ejecuta a un vendedor ambulante de un cañonazo. Dicho grupo, al que no volveremos a ver en lo que resta de metraje, actúa en nombre del “movimiento”. El trío protagonista de la película, liderado por el Señor, deambula por la Pampa en busca de restablecer el orden de la nación en nombre del “movimiento”.

El movimiento (Benjamín Naishtat, 2015)
El movimiento (Benjamín Naishtat, 2015)

El fondo anárquico se traduce en una libertad creativa desbordante, que sigue el avance del grupo a través del corte a negro, que elimina cualquier continuidad argumental. Dicha decisión es a la vez el principal logro y el principal lastre de la película, pues hace que se resienta un poco la vía comunicativa, mucho más sugerente y efectiva en el primer tramo. Con un diseño de sonido espectacular, pieza fundamental para hacer de esta experiencia algo único, nos acercamos a los rostros de unos personajes enigmáticos y perturbadores, consumidos por la oscuridad (estupenda y austera fotografía en blanco y negro de Yarara Rodríguez) cuando Naishtat opta por el plano general. Como un sueño, o como una pesadilla, pasa esta película de poco más de una hora de duración, tan contundente en sus formas como irregular en su resultado. Combinando atrevimiento formal y revisión histórica, el joven cineasta argentino crea una obra indescriptible, cuyas imágenes quizá puedan permanecer un tiempo en nuestra retina.

La jornada concluyó con el visionado de The Day Before the End, el último trabajo del filipino Lav Díaz. En escasos quince minutos, el director de Norte, the End of History nos presenta la cotidianidad de una serie de personajes que no paran de recitar a Shakespeare. Mientras tanto, en esa ciudad indeterminada de Filipinas cae un diluvio. Díaz parece indicarnos que somos nosotros, los seres humanos, quienes provocamos irremediablamente las catástrofes de la naturaleza. El cineasta juega con el sonido, omitiéndolo cuando cree conveniente, y enfrenta a sus personajes con un destino que conocen y no pueden esquivar.

Iván Ginés

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