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Filmadrid 2016 – Día 1: Francofonia

El Louvre. El arte.

Un festival de calidad, o uno llamado a serlo, necesita una inauguración a la altura. A pesar de mis dificultades para disfrutar como es debido el visionado de Francofonia, el último (y personalísimo) trabajo de Alexander Sokurov, es evidente que el Filmadrid ha elegido una película de nivel. Y si no ha elegido una película de nivel, lo que sí ha hecho es seleccionar una cinta de uno de los autores más interesantes del panorama internacional. Si Francofonia fuera de otro director podríamos hablar de pedantería, pues la unión entre forma y fondo en ocasiones transmite una sensación que bien podría definirse así. Sin embargo, en manos de Sokurov nos encontramos ante una obra con la honestidad por bandera, pues no es nueva su obsesión con el arte y el pasado. Y aquí el ruso flirtea con el arte y la historia, con la realidad y la ficción. El problema es que tan pronto me fascina como me exaspera. Sus formas pueden torturar al espectador menos paciente, así como maravillar a otra parte del público.

S_francofonia

El autor no me convence, o al menos no de momento, pero su obra es coherente y sugerente a partes iguales, mostrando un dominio de la técnica al alcance de muy pocos, gracias al cual consigue escapar de la rutina que podría haber supuesto su tono de corte casi documentalista. Sokurov cierra su viaje al pasado adivinando el futuro de sus protagonistas, orgulloso de ellos y de sus esfuerzos por preservar los valiosos tesoros del museo. Un arranque de nivel el de esta segunda edición de Filmadrid, con una obra a ratos fascinante de uno de los autores por excelencia del cine moderno. Puro arte.

Iván Ginés

Sokurov ha compuesto con Francofonia un alegato sobre la importancia del arte en el individuo. Totaliza con el concepto, pero se detiene en un contexto definido: la Francia ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial. Con un ligero tono irónico, el cineasta ruso expone un mosaico polifacético en el que aúna una ficción que intenta reconstruir ciertos hechos históricos –aunque siempre rozando la barrera de lo convencional–, delirios surrealistas en los que entabla conversaciones con Napoléon Bonaparte y documentos históricos sobre la invasión mencionada anteriormente. Establece paralelismos entre los hechos que produjo la amistad entre Jacques Jaujard y el conde Franz Wolff-Metternich, que protegieron el Museo del Louvre, y la actualidad, en la que se presenta una clara analogía con el poco respecto para con el arte.

Francofonia

No nos encontramos ante una película demasiado accesible. El propio Sokurov es consciente de ello al ironizar sobre el posible sopor de los espectadores que vean imposible conectar con la obra. Pero pienso que Francofonia plantea una cuestión muy interesante y relevante sobre el arte que bien justifica su visionado –o el intento de acercarse a esta apasionante cinta–: el carácter equívoco de una pieza artística.

Brian Garrido

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