Críticas, Estrenos

El país del miedo – Herencia

El país del miedo es una película hija de nuestra nación. Es de agradecer que las producciones españolas pongan sobre la mesa cuestiones de importancia, desde lo particular hasta lo general, independientemente de cuáles sean sus resultados. En este sentido, poco o nada se le podría echar en cara al debutante Francisco Espada, cuya ópera prima, El país del miedo, fue incluida en la sección oficial del Festival de Málaga en 2015. La cinta termina por ser una digna heredera de la situación que sufre nuestro país, por su incapacidad para resultar creíble a la hora de mostrar lo cotidiano a través de una familia de clase acomodada que vive en un barrio humilde por los -en apariencia- inamovibles principios del padre. El debut de Espada en el largometraje tiene de todo menos credibilidad, algo realmente importante cuando se trata de hacer cine social. Filmar con planos fijos no asegura los excelentes resultados que tantos genios del séptimo arte han logrado con esa técnica, pues el director español erra a la hora de dotar de autenticidad a su historia, basada en la novela homónima de Isaac Rosa.

Miedo 1

La cinta abre (prefiero olvidar el plano inicial y pensar que nunca ha existido) con una escena en la que Carlos, el padre de familia, rechaza la compra de una puerta acorazada que se les está ofreciendo a los vecinos tras los recientes robos que han tenido lugar en la zona, un barrio obrero de Badajoz. A modo de enseñanza sobre el mundo en el que vivimos, donde no nos podemos fiar de nadie, Espada carga contra la burocracia y las dificultades existentes a la hora de defender a nuestros hijos cuando sufren acoso escolar. La idea es realmente buena, pero todo se le va de las manos en cuanto el padre acaba siendo también víctima de una niña de trece años. Las situaciones que se dan en la cinta deben ser ridículas desde que uno lee el guion, pero la forma de narrarlas en imágenes hace que la inverosimilitud se convierta en comedia. La forma nunca está a la altura del fondo, así como el fondo no logra estar a la altura del planteamiento. La película es heredera de la situación del país, como también lo es la cobardía del hijo de la de su padre.

Miedo 2

Lo que queda no es más que un retrato descontextualizado de un individuo que debe realizar una conversión vital y casi ideológica cuando llega la hora de enfrentarse al mundo en el que vive. Los pocos aciertos de fondo que tiene la película de Espada son lastrados por un conjunto en el que reinan la redundancia, el esperpento y la más absoluta falta de sutilidad. El acoso escolar es un tema muy serio y la película no consigue hacerle justicia en ningún momento, Puede que lo mejor del film sean las interpretaciones de José Luis García Pérez y Cristina Plaza, aunque el primero tenga que cargar a sus espaldas con las escenas menos inspiradas de toda la película. Encontramos subrayados hasta en un par de escenas oníricas, y es ahí donde la redundancia empieza a adueñarse de un trabajo sin posibles salidas. Pese a todo, es digno de aplauso que una cinta así de comprometida con la actualidad social de nuestro país esquive el maniqueísmo.

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