Críticas, Estrenos

Magallanes – Crimen y redención

Magallanes (Damián Alcatraz) pasa sus días alternando su trabajo como taxista con el cuidado eventual de un coronel (Federico Luppi) ya retirado. Su vida es bastante anodina, y disfruta ahora de la tranquilidad que le fue negada en el pasado, cuando servía al ejército peruano en Ayacucho. Pero un día, cuando el pasado únicamente formaba parte de su vida de forma indirecta, una joven que conoció años atrás sube a su taxi en plena calle de Lima. Este encuentro hará que Magallanes intente redimirse por el pasado de todas las formas posibles. Así, la ópera prima de Salvador del Solar completa dos funciones interesantísimas: por una parte, la introspección en la psicología del protagonista, cuyo sentimiento de culpa le impide actuar de forma racional; por la otra, una radiografía de las heridas que siguen abiertas treinta años después de la guerra interna que se libró en Perú. Este thriller social parece tener claro que es necesario que asumamos nuestro errores del pasado, tanto los individuales como los de la propia nación, aunque para algunos sea realmente sencillo olvidar. En este aspecto, el alzhéimer del coronel juega un papel fundamental, funcionando a su vez como sutil metáfora del actuar de millones de “culpables”. Extrapolemos esto a un contexto más amplio y veremos ciertas similitudes con el trasfondo de una cinta como La muerte y la doncella (Roman Polanski, 1994), para mí una de las mejores películas de uno de los mejores cineastas vivos.

Magallanes 1

Suena innecesario después de este primer párrafo contextualizador pararse a hablar del notorio interés de la propuesta. Un interés que, afortunadamente, no se diluirá en los 109 minutos que dura la película. Quizá lo más rico de Magallanes sea su formidable trabajo de dirección, especialmente en lo que se refiere al trabajo de cámara. La combinación de planos acompañando al protagonista y planos generales es una constante, indispensable a la hora de diferenciar entre los objetivos individuales de la película -desarrollar el entramado y las motivaciones de Magallanes y la joven Celina- y el global -representar la situación de la sociedad peruana-. Hasta aquí, ningún problema. Magallanes se mantiene cercana al notable en cuanto a sus intenciones y la ejecución de del Solar, pero fracasa estrepitosamente cuando debe recomponer el pasado de los protagonistas y envolverlos en una nube de polvo cada vez más sórdida. Cada pequeño giro (pues no nos encontramos ante una cinta proclive a los virajes de 180 grados) se siente más forzado que el anterior, disminuyendo la opacidad del tablero y de sus integrantes. Otro lastre de peso, en este caso incomprensible, es el indiscriminado uso de la música extradiegética, perdonable si nos atenemos a su condición de ópera prima y tenemos en cuenta sus méritos en otras tareas.

Magallanes 2

Es una realidad que, entre unas cosas y otras, Magallanes es un trabajo que siempre se mantiene lejos de deslumbrar y sorprender, aunque el desarrollo de las tramas se muestre en todo momento dispuesto a probar suerte. Por otro lado, el guion, escrito por el propio director y basado en La pasajera, una novela corta de Alonso Cueto, es mucho más rico y ácido en los diálogos que en la sucesión de situaciones. Un debut que muestra casi el mismo número de luces que de sombras, pero al que merece la pena echar un vistazo por los logros formales de del Solar y la creíble interpretación de Damián Alcatraz. Aceptable, trepidante, irregular.

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