Críticas, Estrenos

El hombre perfecto – Falsas apariencias

¿Puede un guion superficial y que basa toda la narración en una clara ambigüedad que nunca termina de definirse, convertirse en una película asfixiante? Desde luego que sí, y El hombre perfecto es una de ellas, al generar un único conflicto –que no deja de enfrentar al personaje con la propia realidad que está intentando encubrir– e ir agravándolo durante todo el metraje. La premisa es la de un aspirante a escritor que se apodera de las memorias de un recién fallecido exsoldado que se encuentra en el trabajo (una empresa de mudanzas), publicándolas a su nombre. La novela se convierte en un clásico instantáneo, y él adquiere un status envidiable en el mundo literario. Existe un claro desdoblamiento de la personalidad –que se simboliza en el reflejo de los espejos, algo que recuerda enormemente a Brian de Palma–. En general, el trabajo del director Yann Gozlan –que debutó en el cine en el año 2010 con la cinta de terror Captifs– está claramente influenciado por Hitchcock. Hasta tiene ciertos elementos de Match Point, de Woody Allen –en lo referente a la inestabilidad de una relación sentimental a medida que el protagonista comienza a entrar en un estado psíquico de locura–. También tiene ciertos ecos al cine de François Ozon, en especial a Swimming Pool –ya no sólo por el hecho de que el relato se ubica en un único escenario, sino porque el proceso creativo de la próxima novela de los escritores protagonistas de ambas cintas está muy presente–.

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Donde Gozlan demuestra bastante talento es a la hora de ubicar en la narración los elementos que definen cada uno de los plot point del guion, y lo hace a través de la interacción de los personajes. En manos de otro director, El hombre perfecto habría sido bastante deficiente, pero el francés demuestra una dedicación detallista, generando una tensión insana. Recurre bastante a la salud psicológica de Mathieu –portentoso trabajo del popular actor francés, miembro de la prestigiosa Comedie Française, Pierre Niney– mediante sueños con los que genera un sentimiento ambiguo. Incluso dispone de elementos Lynchianos –el cadáver de una paloma en descomposición– que son un apoyo simbólico bastante estimulante. El problema que podemos achacarle gravemente al film es un deus ex machina que inserta a modo de cierre, y más cuando lo que sucede en esa escena no termina por resultas relevante, o al menos se podría haber planteado de una forma distinta.

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En definitiva, El hombre perfecto es una cinta satisfactoria. Es de agradecer que un thriller no se desvíe con facilidad hacia el efectismo, o recurra a mecánicas tramposas. También es positiva la aparición de alguien como Gozlan en el panorama internacional –si menciono esto, es porque su anterior film no tuvo prácticamente impacto, mientras que este, con su más de medio millón de espectadores en Francia, pareceque sí lo ha tenido–. Un nombre al que habrá que tener en cuenta en el futuro.

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