Críticas, Estrenos

Angry Birds, la película – Control de ira

Desde hace más de una década, hemos presenciado cuantiosos intentos de trasladar el mundo de los videojuegos al cine. Por alguna razón que ignoro, todas estas adaptaciones infames han terminado resultando abultados éxitos en la taquilla. Paul W.S. Anderson, uno de los precursores de este movimiento, demostró que no se requería un conocimiento nítido del material original. Los distintos estudios presenciaron cómo un hombre carente de talento amasaba millones con el mínimo trabajo posible. El planteamiento resultaba demasiado alentador,  ya que no era necesario implicarse en un proceso creativo, pues las base de este iban adheridas al propio videojuego que adaptaban. Y así, hemos sido torturados con estos despreciables trabajos durante décadas. Por suerte, nos encontramos en un año en el que se avecinan dos adaptaciones que pueden ser un referente en este deteriorado subgénero. Ya no es el simple hecho de que parecen tener una dedicación y un mayor respeto por el material original, sino porque detrás de estos se encuentra un equipo que inspira confianza. Por desgracia, tendremos que esperar, pues Angry Birds no es una de ellas, sino que es otra infructuosa adaptación de un videojuego.

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Como todos sabréis, Angry Birds es un videojuego para plataformas móviles que consiste en derribar a unos cerdos de color verde lanzando pájaros desde un tirachinas. La historia que seguíamos en este es idéntica a la del film. El problema es no deja de resultar demasiado superficial. Lo que ha intentado el guionista Jon Vitti (guionista recurrente en Los Simpson) es sonsacar una fábula y darles un arco dramático a los personajes. No termina de funcionar por lo manido que resulta todo. Y es que la cinta está repleta de momentos bastante vergonzosos, que seguramente hará las delicias de los más pequeños, pero resulta inaguantable para los adultos. De ser así, sería otra película más destinada exclusivamente a un público infantil. Lo hiriente de todo esto es que intentan contentar a ese público adulto al moderar mediante un filtro un lenguaje chabacano.

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No se puede negar que el film posee una imaginación visual bastante atractiva. Además de estar presentes prácticamente todos los pájaros con los que podíamos interactuar en el videojuego, existe un catálogo mucho más extenso. Es de agradecer, ya que termina por resultar mucho más vistosa y colorida. Sin duda alguna, los momentos en los podemos llegar a disfrutar de la cinta es cuando recurre a las mecánicas en las que se basa el juego, es decir, a los pájaros lanzándose desde un tirachinas gigante y destruyendo la ciudad de los cerdos. El problema es que esto únicamente ocupa unos escasos 20 minutos de duración.

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No entraré en temas de doblaje y en cómo el nefasto trabajo de Santiago Segura y José Mota matan los pocos alicientes de los que disponía la cinta. Que este dúo hiciese un trabajo digno en otras películas de animación –su doblaje en Monstruos S.A. fue maravilloso, para qué negarlo– no indica que vayan a realizarlo en otros films. Como digo, no es el momento ni el lugar para entrar en materia sobre este tema. En lo que respecta a Angry Birds, es otra insufrible y superflua adaptación de un videojuego. Próxima parada: Warcraft, de Duncan Jones.

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