Críticas, Estrenos

Feliz día de la madre – Más de lo mismo

Garry Marshall parece tener perfectamente asimilada su función en el panorama cinematográfico y en el mundo. El público estadounidense, y en menor medida el del resto del globo, le ha puesto tremendamente fácil su tarea como cineasta. Basta con un intercambiar algunas actrices de renombre, modificar los emplazamientos de sus filmes y la fecha del año en que transcurren, y escribir un guion con pequeñas variantes en el transcurso de las microhistorias que tienen lugar en la película. Feliz día de la madre es una americanada de campeonato, de ésas que tienden a mostrarnos que las personas guapas y acomodadas también sufren y encuentran complicaciones en sus vidas. Una manera bastante simple de llenar la pantalla de ternura, pero incomprensiblemente efectiva para el público menos exigente, que cae rendido ante el producto por la sola presencia de sus actrices favoritas. Como también es costumbre, el nuevo trabajo del director de Pretty Woman es superficialmente ligero, plagado de situaciones con continuos toques humorísticos aunque con las dosis necesarias de dramatismo para conmover en los últimos minutos. Que no falten las lágrimas.

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La película se compone de cuatro historias cruzadas en el Día de la madre. Sandy (Jennifer Aniston) es una mujer fuerte que intenta mantener la compostura y su papel de madre cuando su ex decide casarse con una mujer mucho más joven. Miranda (Julia Roberts) es una presentadora de un conocido show de televisión soltera y sin hijos, cuya vida personal es a la vez la profesional. Jesse (Kate Hudson) vive felizmente junto a su marido indio y su hijo, pero aún no se lo ha contado a unos padres racistas a los que hace tiempo que no ve, y que también desconocen que su otra hija es lesbiana. Por último, Bradley (Jason Sudeikis) no sabe qué hacer junto a sus dos hijas el primer Día de la madre desde que falleció su esposa. Las historias convergen poco a poco y eficazmente en una narrativa nada original pero ideal para este tipo de producciones.

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A pesar de estar repleta de personajes estereotipados y situaciones tan manidas como raramente divertidas, pasada la primera hora de metraje uno comienza a contagiarse de la estupidez de la película y aparecen las primeras sonrisas, que más tarde se convertirán en risas para, finalmente, salir de la sala con un sabor de boca demasiado bueno para la calidad del producto visionado. Es como un proceso de asunción de la naturaleza del filme, incapaz de ofrecer nada cinematográficamente hablando, pero con tan pocas pretensiones que ni siquiera merece la pena tomárselo demasiado en serio y criticarlo. Feliz día de la madre es una de esas películas bastante malas, sólo entretenidas a ratos y medianamente rescatadas por el carisma de sus estrellas, pero nada dañinas; para ver con precaución y muy de vez en cuando. Como cinta destinada al consumo masivo de las madres en un día tan especial, Marshall puede sentirse satisfecho por haberse vuelto a salir con la suya.  Con 81 años se encuentra inmerso en una zona de confort que a buen seguro le libera del estrés y prolongará su vida eternamente. Nos quedan unas cuantas películas de historias cruzadas, queridos lectores.

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