Críticas, Estrenos

Backtrack – Los traumas de la infancia

No es ningún secreto que dos de los géneros que más tienden a repetirse, a echar mano de tópicos casi sin quererlo, son el thriller y el terror. En los últimos años, la mayoría de productos potables (es muy complicado encontrar películas de terror que sean más que aceptables) o notables (por suerte en el thriller encontramos mejores resultados de vez en cuando) de dichos géneros lo han sido precisamente por trascender su falta de originalidad a través de la forma. Si el director encargado de dirigir cualquier proyecto de esta naturaleza no es capaz de aportar ideas visuales o narrativas sugerentes, la película en cuestión navegará entre la mediocridad y el ridículo. Y así es como se desarrolla Backtrack, lo ópera prima del australiano Michael Petroni, en la que además conviven los dos géneros mencionados, con una clara vocación de thriller sobrenatural que remite inevitablemente a El sexto sentido y a todos los títulos que guardan similitudes con ella (que no son pocos). Desgraciadamente, el debutante no es capaz de dotar de personalidad a su criatura, que parece predestinada al fracaso desde los primeros minutos.

Backtrack 1

El psicólogo Peter Bower (Adrien Brody) aún no ha superado la muerte de su hija un año atrás. Ahora intenta rehacer su vida junto a su mujer en un entorno totalmente diferente, y sus días transcurren entre su estancia en casa y el trabajo. Una serie de extraños sucesos con sus pacientes le hacen pensar que los muertos están intentando comunicarse con él. Tras darle unas cuantas vueltas al asunto, decide volver a su pueblo natal e intentar recordar un suceso que puede ser el motivo de tan misteriosas y desagradables apariciones. Las reminiscencias de El sexto sentido son claras desde el argumento, pero la escasa originalidad a la hora de desarrollarlo hacen que la sensación de ya visto permanezca durante todo el visionado.

Backtrack 2

Backtrack resulta bastante torpe y previsible -hasta el punto de anular por completo la intriga- como thriller paranormal de intriga, pero son sus innecesarios tics procedentes del cine de terror los que desentonan y hacen del filme algo aún más limitado. Todos y cada uno de los sustos están fuera de lugar, y su repetición se convierte en un lastre involuntariamente gracioso. La obviedad está presente en cada fotograma y en cada línea de guion, y se acentúa en aquellas escenas a modo de flashback que pretenden reconstruir (de forma tramposa y aborrecible, por cierto) el suceso que funciona como la columna vertebral de la película. La intriga nunca respira y el interés del espectador, muy probablemente conocedor del desenlace exacto del entramado, se mantiene en unos niveles realmente bajos para un trabajo de estas características. La ópera prima de Petroni nunca llega a abrazar el ridículo, pero su guion plagado de lagunas y su poco arriesgada puesta en escena la hacen inmediatamente olvidable. Inexplicable que un título con tan pocas cosas que ofrecer llegue a nuestros cines, por mucho que sus copias puedan contarse con los dedos de una mano.

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