Críticas, Estrenos

Mañana – Más vida que cine

Mélanie Laurent no tiene intención alguna de parar, pues continúa compaginando sus proyectos como actriz con los de directora. En esta ocasión, y tras dirigir la notabilísima Respira, la artista francesa ha unido fuerzas junto al activista y escritor francés Cyril Dion en un proyecto documental en el que pretenden explicar lo que debemos hacer si queremos evitar el fin del mundo en el año 2100. Mañana, como su propio nombre indica, pretende desafiar los problemas de mañana y propone soluciones en un trabajo que rebosa optimismo. Tras la publicación del estudio que pronosticaba el fin del mundo en el año anteriormente citado, los autores vieron la obligación de mostrarle al mundo las consecuencias de la forma de vida que llevamos. Esto explica un comienzo realmente desolador, una introducción catastrofista que consigue transmitirnos la seriedad del asunto. Pero ese tono no durará demasiado, pues el resto del metraje es un ligero homenaje a las no pocas personas de todas partes del mundo que llevan tiempo trabajando en alternativas que puedan evitar el fin de la civilización.

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Para esta aventura serán los propios directores los encargados de viajar junto a cuatro compañeros por diferentes partes del mundo en busca de algunas de esas personas que, como ellos, anticiparon los problemas y empezaron a trabajar en las soluciones. El viaje en el que nos sumergimos nos va suministrando información constantemente y de forma muy interactiva; los testimonios de multitud de personas, anónimas o no, se complementan con la información que se muestra directamente en pantalla. Esta dinámica se mantiene durante las dos horas que dura la película, y, aunque pueda ser algo que termine agotando al espectador, también es responsable de que nunca se pierda o se desvíe la atención. A esto ayuda también la interesante estructura del documental, dividido en cinco capítulos que coinciden con los distintos aspectos a mejorar: agricultura, energía, economía, democracia y educación. Sin embargo, el reparto de tiempo para cada uno de ellos quizá no sea el adecuado. Es inexplicable que el apartado de educación quede tan cojo en comparación con el resto, mucho mejor presentados y con un mayor trabajo a la hora de establecer sus consiguientes relaciones con las otras cuatro cuestiones. Por suerte, el ritmo no se pierde y el interés se mantiene intacto a pesar de pequeñas decisiones cuestionables.

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Pero, por otra parte, es un trabajo mucho más válido como documento informativo que como proyecto cinematográfico. Por lo tanto, y a pesar de no decirme ni aportarme absolutamente nada como película, el visionado de Mañana es recomendable por su importancia… ¿vital? Porque puede que de aquí a que termine nuestra estancia en el mundo no vaya a haber demasiados cambios, pero lo suyo sería preservar el planeta para las generaciones venideras. En cualquier caso, el tercer trabajo de Mélanie Laurent tras las cámaras (también delante de ellas) es muy productivo. El éxito que ha obtenido este trabajo entre el público francés merecería un texto aparte; es algo que se escapa de mi comprensión. Pero claro, pensándolo bien, seguro que ellos se preguntan lo mismo sobre las películas españolas que más taquilla hacen, así que igual deberíamos dejar ese tema para otro día. Bastante interesante, pero poco más que eso.

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