Críticas, Estrenos

Bienvenidos a Grecia – Simple y simplista

Viendo la facilidad con la que se han producido películas sustentadas en los choques interculturales a lo largo de los últimos años, era bastante raro que nadie se aventurase a dirigir una película en la que se hiciese lo propio entre Grecia y Alemania. Más que por los choques culturales en sí, por la relación político-económica entre ambos. Bienvenidos a Grecia viene a ocupar esa vacante que en un principio ofrecía multitud de salidas interesantes, aunque su vagancia y falta de chispa hacen de ella una comedia tan fallida como bienintencionada (gags desafortunados sobre los suicidios aparte). A pesar del Highway to Hellas original, los traductores han optado por aprovechar el tirón de comedias como Bienvenidos al norte y Bienvenidos al sur. La única posibilidad de que alguien en España vaya al cine a verla es que sea asociada con las anteriores, cuyos resultados eran mucho más satisfactorios.

gRECIA 1 bis

Jörg Geissner es un trabajador de un banco alemán que representa a la perfección la característica frialdad teutona. El banco ha financiado la construcción de un hospital, una central eléctrica y una playa en Paladiki, una pequeña isla griega. Ante las dudas y recelos que le genera todo lo relacionado con Grecia y los griegos, el banco envía a Jörg a comprobar si se están llevando a cabo los propósitos de sus inversiones. Como era de esperar tratándose de un filme germano, los griegos son unos vagos y caraduras que no han construido nada, por lo que deberán fingir que todo se está desarrollando según lo acordado. Como tampoco podía ser de otra manera tratándose de una cinta de esta naturaleza, la situación se descontrolará y dará pie a un sinfín de malentendidos que intentarán buscar la (son)risa fácil del espectador.

Por lo que a mi experiencia cinematográfica se refiere, los alemanes son bastante torpes en el terreno de la comedia. Bienvenidos a Grecia es clarividente en este aspecto, pues su falta de gracia es tan preocupante como la situación de Grecia y la de otros países del mediterráneo. Aron Lehmann deposita todas las salidas humorísticas de la cinta en la repetición de innumerables tópicos y clichés. La superficie de los personajes nunca se llega a traspasar, siendo su estereotipación el desencadenante de todos y cada uno de los chistes. Con un poco de suerte, sus gags no te resultarán dañinos y reinará la indiferencia; pero, en el peor de los casos, te entrarán ganas de acompañar a los personajes en su aventura marítima con un más que posible final amargo (sobre el papel, pues en la práctica sabíamos cómo iba a acabar la película desde los primeros minutos). Es preocupante que la única vez que me riera fuese en la secuencia con mayor carga dramática de la cinta. Lo llaman vergüenza ajena.

Grecia 2

Bienvenidos a Grecia es bastante menos molesta cuando se intenta transmitir un mensaje de humanidad y fraternidad tan visto como efectivo. Pero, ¿de qué sirve hacer algo medianamente bien cuando llevas más de una hora provocando una constante sensación de incomodidad? Al menos los alemanes parecen entender que, a pesar de sus pocas ganas de trabajar y de su alcoholismo, los griegos también pueden ser buenas personas. Poco más y me da por perdonarles su simplismo, su torpeza para hacer comedia y su falta de empatía.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *