Críticas, Estrenos

Mi amor – Los males del histrionismo

Amor 1 bis

El nivel de las secciones oficiales de Cannes es muy alto hasta que empiezas a ver las películas francesas a competición. Evidentemente, esto no es casualidad, como tampoco lo es que en San Sebastián, por ejemplo, ocurra lo mismo con los títulos nacionales. Está claro que siempre hay excepciones, pero Mi amor, dirigida por Maïwenn Le Besco, no se encuentra entre ellas. No obstante, es una cinta con las suficientes virtudes como para no ser vapuleada sin miramientos. Una de ellas, y que destaca por encima de todo el conjunto, en lo bueno y en lo malo, es la excelente química en pantalla que muestran sus protagonistas, Vincent Cassell y Emmanuelle Bercot, ganadora ex-aequo del premio a la mejor actriz en el pasado Festival de Cannes. El resto son continuos altibajos, sobre todo una vez traspasado el ecuador de la película.

Mi amor narra la historia de una joven pareja con un hijo, desde el día en que se conocieron hasta el momento de su ruptura definitiva. La película está narrada a través de flashbacks, a modo de recuerdos de Tony (Emmanuelle Bercot), la protagonista, que en la actualidad se está recuperando en un centro de rehabilitación de una lesión de rodilla que sufrió mientras esquiaba. Maïwenn establece un torpe paralelismo entre la recuperación de la rodilla y la historia de amor de Tony y Georgio (Vincent Cassel), que se explicita literalmente en una de las primeras escenas. Así, ambas líneas temporales se intercalan durante todo el metraje (de forma un tanto arbitraria, todo hay que decirlo). La línea temporal del presente me parece del todo innecesaria, pues no hace más que frenar la histérica y adrenalínica narrativa con la que es trazada su tormentosa relación de amor-odio.

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La primera hora de película es más que correcta, dado que el tono concuerda plenamente con los primeros pasos de la relación y con la personalidad de los propios protagonistas. La puesta en escena se encarga de potenciar las particularidades de la relación, de forma que la típica historia romántica no caiga en tópicos ni convencionalismos. Cuando todo parece ir bien encaminado, llega el momento en que las cosas empiezan a torcerse para los personajes, y la reiteración del proceso de autodestrucción que sufren nuestros protagonistas -él, presa de su carácter y personalidad; ella, sufriendo mientras hace lo posible por permanecer junto al hombre al que ama, a pesar del trato recibido- afecta indudablemente a un todo que empieza a mostrarse inconsistente. A partir de este momento, la película se contagia del patetismo que sus protagonistas sufren y transmiten al espectador. La sensación es que todo lo que ocurre no atiende a razones lógicas -algo que ya ocurría al principio-, y lo que al principio resultaba gracioso acaba siendo cargante. El reflejo de esto es el personaje de Vincent Cassel, que, a pesar de sus esfuerzos y carisma, pierde la gracia para convertirse en un verdadero incordio. Y es que a la directora francesa se le escapa la película de las manos a la hora de afrontar los momentos de mayor carga dramática. La lucha interpretativa que el principio favorecía a la cinta, en la que ambos actores se complementaban a las mil maravillas, da paso a la lucha individual de Emmanuelle Bercot, que, al igual que su pareja de baile, brilla mucho más cuando está acompañada.

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El histrionismo de los personajes, beneficioso en ocasiones y muy perjudicial en otras, se apodera de la narración y termina irritando. Mi amor es una película tan poderosa como fallida, y su disección de las relaciones de pareja nos deja un mensaje de lo más difuso, que probablemente sea un perfecto indicador del resultado de la cinta. De la alegría y liviandad al tormento más insoportable, del amor al odio -de los personajes y para mí como espectador-, así es como transcurre el desarrollo del cuatro largometraje de Maïwenn Le Besco, probablemente el más irregular de todos cuantos pisaron la pasada Sección Oficial del festival galo. Por aquí nos quedamos con su interesante y atrayente primera mitad, además del trabajo colectivo de Bercot y Cassel.

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