Críticas, Estrenos

Más allá de las montañas – Una mano maestra

Mountains 1 bis

Siento verdadero pavor cuando me dispongo a escribir sobre lo que para mí es una obra maestra. En lo que llevamos de año me ha pasado dos veces, pues dos son los estrenos de 2016 (Carol y Más allá de las montañas, a la que intentaré hacer justicia en este texto) que creo merecen ser etiquetados como tal. Casualmente, ambos filmes fueron injustamente olvidados en el pasado Festival de Cannes, a pesar de haber estado en muchas quinielas como favoritas para alzarse con la Palma de Oro. Si la delicada y exquisita maravilla de Todd Haynes únicamente rascó un ex-aequo para Rooney Mara como mejor actriz, el sobresaliente trabajo de Jia Zhangke se fue de vacío. Sin desmerecer al resto de premiadas (especialmente a las ganadoras de los premios “gordos”), estas dos películas me parecen con diferencia las mejores de cuantas compitieron en la pasada sección oficial del festival de la costa azul francesa.

Acostumbrado a retratar (y criticar) la crisis del sistema del gigante asiático, que a lo largo de las últimas décadas ha ido convirtiéndose en una potencia salvajemente capitalista, sorprende que Zhangke haya decidido dirigir un melodrama de lo más convencional en cuanto a cuestiones puramente argumentales. Puede que la decisión tuviera que ver con aumentar las posibilidades de evitar la censura existente en su propio país (algo que afortunadamente logró), la cual impidió que se estrenara Un toque de violencia, su anterior trabajo, que contenía una crítica mordaz al sistema capitalista de su país. En Más allá de las montañas esta crítica se reduce notablemente (exceptuando cierto tramo del metraje, algo que comentaré más adelante), pues no es el elemento principal de la narración sino un complemento imprescindible. Esta cinta habla de sentimientos, pero eso no quita que el dinero juegue un papel fundamental en los mismos, siendo un interés -obsesión en algún caso- que comparten algunos de los personajes (como muestra de la importancia del capital en la sociedad China, aunque podríamos extrapolarlo a prácticamente cualquier sociedad modernizada). Más allá de las montañas es un melodrama monumental, la desgarradora historia de una mujer a lo largo de tres décadas; pero es mucho más que eso, se trata de una película tan rica en el fondo como en la forma, capaz de trascender cualquier limitación genérica.

RGB tiff image by MetisIP

La película “comienza” (cuando la veáis entenderéis el porqué de las comillas, que preferiblemente debéis descubrir vosotros mismos) en en el año 1999, en plena celebración del año nuevo, mientras suena Go West de los Pet Shop Boys (el uso del tema en manos de otro director hubiese dado a pie a subrayados innecesarios, pero aquí sirve como elemento narrativo en torno al cual se articula el propio relato y su mensaje) y los tres jóvenes protagonistas bailan en grupo sin preocupación alguna. Que la película comience ahí no es casualidad, pues fue un año a partir del cual se generó un cambio económico y político que terminaría por influir en los sentimientos del individuo y su forma de relacionarse (tampoco son casuales las diferencias entre el plano inicial y el final, ambos acompañados por la ya mencionada pieza musical). Tao, una joven de Fenyang, es cortejada por dos de sus amigos, Zhang y Liangzhi, conformando un triángulo amoroso que deberá terminar con una decisión de vital importancia, pues como unos de ellos dice, mejor son dos que tres. A pesar de su linealidad, la estructura narrativa de la película se divide en tres actos perfectamente diferenciados (Fenyang 1999 y 2014; Australia 2025), con sus respectivos títulos introductorios y formatos de pantalla -del 4:3 inicial al CinemaScope del tercer acto, pasando por el 1:85 del presente-. En los que se corresponden con el presente y el futuro, Zhangke persigue a los mismos personajes que abandonó a las puertas del nuevo milenio, marcados por el paso del tiempo y el resultado de las decisiones tomadas; sin embargo, el único personaje que aparece entre cada una de las elipsis es el de Tao, aunque en el tercero no aparezca físicamente hasta el cierre, a modo de epílogo.

Mountains 3

Desde Mommy (Xavier Dolan, 2014), con la que el nuevo trabajo de Zhangke guarda no pocos puntos en común, no se estrenaba una sola película en que la música (y su uso) tuviera una importancia narrativa decisiva. Además de la canción de los Pet Shop Boys, que representa el anhelo de libertad de los personajes y de toda una sociedad, encontramos una canción pop de una cantante cantonesa de los 90s, Sally Yeh, que sirve para potenciar los lazos familiares y las raíces. El uso de ambas, acompañado de una banda sonora brillante al completo, está perfectamente medido, apareciendo únicamente en momentos determinados, sin llegar nunca a sobrecargar.

En cuanto a la forma de filmar, el director natural de Fenyang parece abandonar definitivamente el ritmo contemplativo de sus primeras películas, algo que ya hizo en la aclamada Un toque de violencia. Aunque sus dos últimos trabajos no guardan demasiadas semejanzas en cuanto al contenido, el estilo de ambos es perfectamente reconocible, con un tratamiento de la imagen muy similar. Los colores vivos de un primer acto más intimista, enérgico y pasional contrastan con la paleta de colores apagada y opaca de los actos posteriores, donde adquieren mayor importancia cuestiones como la incomunicación y la pérdida de la identidad. Otro de los añadidos dignos de mención es la presencia de material de archivo, en este caso utilizado para reflejar las interioridades de los protagonistas. Y es que todos los elementos están coordinados por lo que definitivamente podemos considerar como una mano maestra, la de un director que está creciendo a pasos agigantados sin traicionar un solo momento su verdadera aspiración como cineasta: hablar del individuo inmerso en la China contemporánea, cada vez más alienado y con menor libertad (económica y, sobre todo, emocional).

Mountains 4

Como no podía ser de otra manera, la actriz fetiche y esposa del director, Zhao Tao, realiza una de las interpretaciones más desgarradoras que hayamos visto en lo que va de siglo, al nivel de una película que requería un personaje principal poderoso. El resto de personajes no necesitaban demasiados alardes interpretativos, y todos los secundarios cumplen con nota en sus respectivos roles, aunque algunos de ellos se expongan al peligro de convertirse en caricaturas en el acto futurista, sin duda el más flojo del filme. El primer visionado no me resultó del todo satisfactorio por culpa de esos últimos cuarenta minutos de metraje, que, como prometí desarrollar en el segundo párrafo, están más cerca de la crítica feroz de Un toque de violencia que del tono de los dos primeros actos. Pero estaba totalmente equivocado, pues no sólo es que este acto haya dejado de parecerme torpe y caricaturesco, sino que además creo que es un complemento de verdadera calidad para la historia; las consecuencias sufridas por el joven Dólar, en cuya vida conviven los desórdenes afectivos con los lingüísticos son, cuando menos, interesantísimas. Puede que dicho tramo no sea tan redondo como el resto de la película, pero desde luego que es cualquier cosa menos innecesario.

Más allá de las montañas es un verdadero torrente emocional, una experiencia extraordinaria y demoledora que, lejos de asemejarse a un melodrama convencional, logra trascender toda etiqueta y convertirse en una obra maestra; una película que respira cine por los cuatro costados, que sirve como testimonio de los avances tecnológicos del cada vez más occidentalizado gigante asiático. Conmovedora, dolorosa, bella… así es una de las mejores películas que se podrán ver este año en los cines, cuya fuerza (y fluidez) narrativa es quizá uno de los mayores logros que haya tenido el privilegio de disfrutar como amante del cine.

One Comment

  1. María

    Yo estuve en el preestreno ayer día 18, en los cines Golem de Madrid. Y sinceramente me pareció una tremenda falta de buen hacer, orden y sentido. Lleno de silencios, de malas actuaciones de sus protagonistas y de tramas desbordantes de drama que no te hacen sentir absolutamente nada, mucho menos sentir empatía con la protagonista por llorar por alguien que hemos visto en la pantalla 15 segundos.

    La primera parte es totalmente tediosa y pesada. Estiran más de 1 hora lo que se puede contar en 10 minutos. Pasé la mayor parte de la cinta suspirando para que terminaran de pasar cosas absurdas continuamente y sin sentido, y me dieron ganas de levantarme e irme de la sala más de 4 veces. (Más de 3 personas se fueron).

    Está claro que no todos valoramos el buen cine de la misma forma. ;) Quizá el ser guionista y ver tanto desorden, situaciones mal escritas y planteadas, malas interpretaciones (que no te crees ni un poco), y un final cerrado en falso y engañando a todo aquel que se había creído los últimos 40 minutos de película y en su lugar acuden a la farsa y la pantomima. Las risas continuaron con los comentarios y risas a la salida del cine: “¿Pero esto qué es?.

    Un saludo.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *