Críticas, Estrenos

Cemetery of Splendour – Universo cambiante

Apichatpong Weerasethakul siempre ha sido un director conocido en determinados círculos, pues muchos de sus trabajos han pasado por festivales de prestigio; sin embargo, no lograría el reconocimiento absoluto y la fama a nivel mundial hasta el año 2010, cuando ganó, de forma cuando menos sorprendente, la Palma de Oro con su película Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas. Desde que ganara tan ansiado galardón, el cineasta tailandés ha filmado algunos cortos y trabajos colectivos, además de un largometraje documental. Han mediado nada menos que cinco años desde la presentación en Cannes de su anterior película y la de la última -esta vez fuera de la Sección Oficial, inexplicablemente-, Cemetery of Splendour, que llega esta semana a un número irrisorio de salas españolas. Como autor no llega a entusiasmarme, pero su cine, desgraciadamente minoritario, es lo suficientemente arriesgado y estimulante para que celebre su llegada a territorio español.

Apicha 1 bis

Se está diciendo mucho que esta es la película más convencional y accesible del director de Tropical Malady, algo que no es del todo cierto, pero sí perfectamente comprensible. Apichatpong es conocido por la facilidad que tiene para hacer de sus obras verdaderas experiencias cinematográficas -sobre todo en cuanto a su estilo de narrar-, que cuando no se transforman por completo, como es el caso de la mencionada película de 2004 -ganadora del Premio del Jurado en Cannes-, cuya ruptura narrativa es al mismo tiempo desconcertante y genial, mutan por momentos gracias al poder conferido a las imágenes. Cemetery of Splendour es una película más fácil de seguir, con esporádicos toques cómicos y con unos personajes más cercanos de lo habitual, hecho que puede generar un mayor sentimiento de empatía en el espectador. Pero no nos engañemos, esto es sólo la superficie de una cinta que en el fondo explora las mismas cuestiones que le han interesado siempre a Apichatpong: el pasado de su país, la frontera entre realidad y ficción, las ensoñaciones y la convivencia entre pasado y presente. Todos estos temas están estrechamente relacionados, y en su nueva película toman incluso más importancia que de costumbre.

Apicha 2

Quizá el hecho que hace de ella el trabajo más accesible de su filmografía sea cierto cambio en la forma, que deposita el peso de la irrealidad en los diálogos, haciendo así que las imágenes tengan menos importancia que en otras ocasiones. Un pequeño cambio que, no obstante, no modifica para nada el estilo del cineasta. La cámara acompaña, a través de elipsis imperceptibles, a nuestra protagonista en su viaje; los planos, sin embargo, mantienen el estatismo habitual, en contraposición con la (per)mutación (como las personas sentadas en el mirador, intercambiando sus posiciones sin interrupción) de lo que vemos: unos encuadres que no son lo que parecen, permitiendo que una misma imagen adquiera diferentes significados con el transcurrir de la acción (es curioso hablar de acción en una película con un ritmo tan pausado).

Apicha 3

Cemetery of Splendour consigue mantenerse en pie gracias a la habilidad de Apichatpong para hacer de su cine algo mágico. Sin embargo, los años pasan y sus nuevas películas no son mejores que las anteriores, y el fondo de las mismas parece reciclado. La experiencia es mucho más estimulante de lo que nos puedan ofrecer la gran mayoría de propuestas que llegan a nuestros cines, pero la repetición de sus constantes hace que soñemos con su cine menos de lo que deberíamos. Está fuera de duda que el filme es bastante bueno, pero igual de evidente (o más) es el estancamiento cinematográfico en el que se encuentra el cineasta tailandés.

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