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Muestra Syfy 2016 – Día 4

Ayer tocaba echar el cierre a la decimotercera edición de la Muestra Syfy, que ha supuesto un bajón de nivel considerable respecto a la pasada edición. Pocas películas se salvan de la quema, curiosamente aquéllas que más se han alejado de reunir las características para ser incluidas en la programación de este tipo de festivales. La jornada de ayer, sin ser un completo desastre, fue bastante pobre hasta la llegada de High-Rise, la cinta de Ben Wheatley encargada de clausurar esta edición de la Muestra. Demos gracias a la adaptación de la novela de Ballard y a Bone Tomahawk, pues sin ellas hubiésemos pasados cuatro días con la mierda hasta el cuello, y nunca mejor dicho. Unas veces habría habido risas, otras tedio y sufrimiento, pero jamás un atisbo de calidad fílmica.

Demon (Marcin Wrona, 2015)
Demon (Marcin Wrona, 2015)

La encargada de dar comienzo a la cuarta jornada de la Muestra fue la polaca Demon, dirigida por Marcin Wrona, que curiosamente falleció pocos días después de la premiere en el pasado Festival de Toronto. La película, a buen seguro una de las más estimulantes que hayamos podido ver a lo largo de estos cuatro días, narra la posesión por parte de una mujer de un hombre justo antes de contraer matrimonio con su pareja. Una boda será el escenario ideal para que Wrona satirice en este thriller de curiosa atmósfera la actual sociedad polaca y el papel de la religión en ella. Se aprecian buenas intenciones en esta obra, pero es demasiado irregular como para extraer algo positivo de ella. Vemos claras influencias de El ángel exterminador de Buñuel en la representación de esa boda interminable de la que nadie puede escapar; de toda la corriente de cine europeo actual, que culmina en una deliciosa estética digna de ser observada; y también, aunque puede que un poco cogido con pinzas, de los momentos corales y/o festivos del cine de Fellini o Kusturica. Todo esto podría ser bueno, por supuesto, pero la fascinación de un comienzo prometedor se convierte en desinterés por culpa de un tramo central tedioso. La parte final, realmente divertida, confirma la irregularidad de un trabajo que, con todas sus taras, se consolida como una de las pocas propuestas a las que podría merecer la pena acercarse fuera de la proyección de la Muestra.

Jeruzalem (Doron Paz & Yoav Paz, 2015)
Jeruzalem (Doron Paz & Yoav Paz, 2015)

A continuación vimos la peor película de toda la Muestra, reconocimiento que hasta ayer estaba en manos de la espantosa Nina Forever. Found footage y ángeles endemoniados tuvieron que unirse en Jeruzalem para derribar el muro de la penosidad cinematográfica. Se observan en ella algunas pretensiones (ridículas, pero las hay) más allá del entretenimiento más zafio y menos original, como enfrentar a las tres religiones imperantes en la ciudad de Jerusalén. La película transita en todo momento por lugares reconocibles (se nota la influencia de Rec en la propuesta, que aprovecha la tecnología actual para cambiar las cámaras de vídeo por unas Google Glasses) con bastante gracia durante la primera hora de metraje. Después, lo que hasta el momento parecía una película malísima pero un entretenimiento satisfactorio, se abalanza sobre la paciencia del espectador hasta destruirla por completo. En otra ocasión no utilizaría esto como algo positivo, pero es de agradecer que la acción se desarrolle en Israel, por variar un poco más que nada.

Absolutamente todo (Terry Jones, 2015)
Absolutamente todo (Terry Jones, 2015)

Uno de los platos fuertes de la Muestra, al menos a nivel mediático, era la esperada Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones, antiguo miembro de los Monty Python, artífices de filmes de culto como La vida de Brian o Los caballeros de la mesa cuadrada. Jones intenta filmar una parábola sobre la dificultad del ser humano a la hora de utilizar el poder para hacer el bien. El principal elemento fantástico de la cinta es que un grupo de extraterrestres le confiere poderes para hacer absolutamente todo al protagonista de la misma, un sensacional Simon Pegg cuya presencia justifica la existencia de esta endeble película. El guion es un verdadero despropósito, aunque sus intentos por hacer gracia son llevados a buen puerto en ocasiones; en otras, simplemente deseas que la broma no se alargue demasiado. No puedo negar que es divertida, mucho más en el caso de verla en un ambiente tan alocado como el de la Muestra Syfy, pero también es evidente que es un trabajo muy pobre y con un humor impropio, por básico y recurrente, de alguien que participó activamente en la creación de las obras mencionadas unas líneas atrás. Nunca he sido fan de ese tipo de películas, pero estoy convencido de que Absolutamente todo no es lo que un fan de los Monty Python merece.

High-Rise (Ben Wheatley, 2015)
High-Rise (Ben Wheatley, 2015)

Una vez más, la película programada en la sesión de las diez iba a ser la encargada de salvar la jornada. La cinta en cuestión no era otra que High-Rise, el quinto largometraje del británico Ben Wheatley. Afortunadamente, tuve la ocasión de verla por partida doble en el pasado Festival de San Sebastián. Ahora, casi medio año después, debo confesar que este tercer visionado ha empobrecido un poco mi visión sobre la obra. Por poneros un poco en situación, antes me parecía una obra maestra y ahora simplemente una película excepcional. El doctor Laing se muda a un nuevo apartamento en un rascacielos en busca de un anonimato que la gran ciudad imposibilita. Allí, alejado de todo contacto con el exterior -exceptuando algunos partes meteorológicos en las noticias-, tendrá que actuar con inteligencia para evitar corromperse y sumirse en la espiral de autodestrucción que lleva consigo la estancia en el edificio.

En un futuro (o pasado, pues la distopía está ambientada en la década de los 70, aquélla en la que Ballard escribió la novela) indeterminado, un arquitecto cree haber diseñado la sociedad perfecta entre las paredes de un a priori apetecible edificio, pero los postulados de su proyecto no vaticinan más que caos y una incipiente lucha de clases, pues algunos lujos como la luz están reservados únicamente para los pisos más altos, en los que viven los adinerados pertenecientes a la clase alta. En esta sociedad distópica no existe la clase media, aunque sí un escalón entre ambos bandos que ocupa el propio Laing, que representa el individualismo actual: la búsqueda del beneficio propio y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La metáfora quizá es un poco perversa, pero Wheatley logra el (des)equilibrio (estupendo contraste entre la perfección formal de la primera mitad con la anarquía de la segunda, que encuentra la belleza en lo grotesco y lo malsano) perfecto para trasladar a la pantalla las también excesivas y perversas líneas de Ballard. Ante todo, lo más destacable de High-Rise es la sobresaliente dirección del británico, que se sitúa como uno de los autores contemporáneos con más talento, o al menos como uno de los que tienen más posibilidades de convertirse en iconos de la cinefilia.

Os podéis reír de mí, pero mientras escribía estos dos párrafos la película ha vuelto a crecer instantáneamente en mi cabeza. Ojalá el siguiente visionado me devuelva la impresión del primero, que hacía de ella una de las cinco mejores películas de la década. Y nada más que decir, así termina la cobertura de este año; una Muestra bastante floja en general, pero que nos ha brindado la oportunidad de ver dos obras enormes, probablemente de lo mejor que haya pasado nunca por las pantallas de la Muestra Syfy. Hasta el año que viene.

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