Críticas, Estrenos, Festivales, Muestra Syfy, Muestra Syfy 2016

Muestra Syfy 2016 – Día 1: La invitación

Sitges is different. Del suspense al suspenso.

La invitacion 2 bis

Ayer daba comienzo la decimotercera edición de la Muestra Syfy, y la película inaugural no era otra que La invitación, ganadora del premio a la mejor película en el pasado Festival de Sitges. Teniendo en cuenta mi propia experiencia, ha llegado un punto en el que tengo claro que nunca debo fiarme de las opiniones que reciben las películas a su paso por el festival catalán, aunque he de admitir que las ganadoras del premio a la mejor película suelen gustarme o al menos no me desagradan. La invitación me ha parecido una película fallida a todos los niveles (me apetecía dejarlo claro antes de entrar en materia), pero es cierto que reúne la mayoría de ingredientes que acostumbran a satisfacer el paladar del público de Sitges y otros festivales de género, como la propia Muestra Syfy.

La invitación remite directamente a incontables películas al desarrollarse en un espacio cerrado, donde la trama avanza mediante los diálogos y el suspense se crea (o debería crearse) paulatinamente a través de los mismos. Will recibe una invitación para asistir a una reunión de amigos en su antigua casa, en la que ahora viven su exnovia y su nueva pareja. Tras dos años sin ver a sus más íntimos amigos, Eden -anfritiona y expareja de Will- tiene que contarles algunos cambios que han tenido lugar en su vida, a través de los que ha sido capaz de superar un hecho traumático que vivió junto a Will dos años atrás. Encontramos así un evidente contraste entre el punto de vista de ambos al respecto, pues Will ha sido y será incapaz de sanar las heridas que nacieron con aquella pérdida.

La invitación 1

La película podría dividirse sin ningún problema en dos partes, una más dialogada y otra más inquietante y adrenalínica a partir de un momento determinado. La primera mitad es fallida precisamente porque la pareja de guionistas es incapaz de construir unos diálogos (y situaciones) que puedan mantener el interés y aderezar la narración; éstos en su mayoría son simples y pobres, y cuando están destinados a desconcertar lo único que logran es ser ridículos y propiciar las carcajadas del espectador (no era para tanto, pero utilizar la palabra risas sería quedarse corto). Los intentos de crear tensión, fallidos en cuantos a los diálogos (el reparto no ayuda, pues la mitad de actores es incapaz de cambiar de registro sin caer en la sobreactuación) y situaciones, debían llevarse a cabo a través de la puesta en escena; sin embargo, el uso de la música por sí sólo es incapaz de hacer nada, necesita de más elementos para crear una verdadera atmósfera enrarecida. El desconcierto y la duda, por tanto, sólo aparecen por lo poco elaborados que resultan los diálogos y las situaciones. En cuanto a la segunda mitad, simplemente es fallida porque traiciona las intenciones que parecían entreverse en un principio. Es curioso que una película con unos giros tan previsibles sea tramposa, aunque puede que la palabra correcta para definirla sea mentirosa, pues sus incoherencias narrativas (y argumentales, pero eso simplemente es culpa de la fragilidad del guion) y su mutación genérica transmiten la misma torpeza que los puntos de giro.

La invitación 3

El acto final simplemente es un disparate, algo previsible si tenemos en cuenta la elaboración de los diálogos y algunos momentos de vergüenza ajena. Y todo esto lo podría perdonar en una película que no se tomara en serio, que fuera consciente de sí misma. Esto aquí no ocurre, y además se intentan camuflar las incontables carencias con una especie de ejercicio de estilo que para nada favorece a la cinta. En lo formal, los logros son aún menores que en lo puramente argumental. El trasfondo de las sectas y sus métodos para aferrarse a la vida dejando atrás el pasado es hasta cierto punto sugerente, pero las decisiones de Karyn Kusama -directora de la película- parecen ir en contra de cualquier tipo de reflexión. En este sentido es inevitable acordarse de The Leftovers, que trataba esto mismo de una manera mucho más seria, emocional y humana. En La invitación, creo que hay mucho más de juego de suspense (más en las intenciones que en el resultado) que de trascendencia argumental. No encuentro ni una sola cosa que destacar positivamente de la cinta, si acaso que es divertida y que su visionado no supone ningún sufrimiento.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *