Críticas, Estrenos

El mal que hacen los hombres – Crueldad

En una de las escenas iniciales de El mal que hacen los hombres, dos de los protagonistas discuten sobre cuáles son los límites de la crueldad. Para poneros en contexto, esa conversación la mantienen un sicario y un médico que trabajan haciendo paquetes -compuestos por cabezas cortadas, generalmente- para un cártel del narcotráfico. Así pues, se pone sobre la mesa la cuestión de la ética profesional en un negocio en el cual la misma no existe tal y como nosotros la conocemos. Poco después, reciben un “paquete” inusual: una niña de 10 años, hija del jefe de una banda rival (que a su vez tiene secuestrado al hijo del patrón -el jefe de nuestros protagonistas-). Deberán custodiar a la niña hasta que reciban órdenes del patrón de despedazarla o dejarla en libertad.

Hombres 2 bis

El resultado del cuarto largometraje de Ramon Térmens es bastante curioso; a pesar de sus más que evidentes fallos en determinados aspectos, la cinta escapa de la mediocridad gracias a la creación de una lograda atmósfera que mantiene al espectador sumido en un creciente estado de tensión durante los 94 minutos de metraje. En cuanto a la planificación, el uso del plano-contraplano resume la mayoría de las escenas, pues El mal que hacen los hombres es un trabajo que se desarrolla en escasas localizaciones y en el que priman los diálogos. Entonces entra en juego la importancia fundamental del reparto, cuya obligación consiste en hacer las creíbles las palabras que el guion pone en boca de los personajes. Y, salvo alguna que otra excepción, pienso que el trabajo de los intérpretes está a la altura de las circunstancias.

Hombres 3

Lo más destacable de este thriller, más allá de su solvencia en las formas, es que en todo momento transmite personalidad. Desde el primer plano al último, y a pesar de que se nos vengan a la cabeza innumerables influencias, Térmens de la sensación de ser consciente de lo que está haciendo y lo que quiere hacer, obedeciendo siempre a su particular y depurado estilo. Hasta aquí todo correcto, podríamos decir que incluso bien. Pero a partir de determinado punto, más o menos cuando se cumplen los 60 minutos de metraje, lo que antes eran desajustes esporádicos que podíamos pasar por alto se convierten en enormes lagunas en las que priman los acontecimientos caprichosos y el más absoluto sinsentido. Quizá un último tercio tremendamente chapucero -en el que la acción avanza a través de torpes elipsis que permiten colocar a los personajes en las posiciones menos creíbles del tablero- no sea capaz de echar por tierra todo lo logrado con anterioridad, pero sí es una tara lo suficientemente importante como para hacer que el resultado de El mal que hacen los hombres sea muy discreto, como el de tantas otras películas.

Hombres 1

Daniel Faraldo demuestra mejores maneras delante de las cámaras que a la hora de elaborar el libreto, que traiciona su ambigüedad en ese juego de apariencias en favor de un tramo final efectista (que no efectivo), previsible, obvio e incluso algo torpe. Sí, la escritura le juega en esta ocasión una mala pasada a los méritos de Térmens tras las cámaras. Sin lugar a dudas, lo mejor de la película es el personaje interpretado por el propio Faraldo, que en este seco thriller sobre los cárteles del narcotráfico en México tiene la oportunidad de redimirse, de mostrar algo de humanidad detrás de esa vida despreciable que se vio obligado a aceptar. Yo compro a medias, y además os invito a darle una oportunidad a esta humilde y bienintencionada película.

One Comment

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *