Críticas, Estrenos

Deadpool – Qué buena y qué mala es

Deadpool 1 bis

Deadpool, la última producción de Marvel Studios, es una película de superhéroes que se ríe de las películas de superhéroes y que está protagonizada por un anti-héroe (por llamarlo de alguna manera). Caracterizada por su irreverencia y supuesta mala baba, la película del personaje más peculiar de Marvel se ha ganado una calificación R en Estados Unidos. Esta calificación se debe a los constantes chistes soeces que hay en la película, y no a otra cosa. Unos chistes (los subidos de tono, claro) que son el mayor lastre de una película que, al mismo tiempo, explota a las mil maravillas el terreno autorreferencial que se abre dada su procedencia, además de echar mano en repetidas ocasiones de la cultura popular.

Wade Wilson, un ex-operativo de las fuerzas especiales reconvertido a mercenario, es sometido a un cruel experimento para curar así una enfermedad mortal. Tras la operación adquiere increíbles poderes de regeneración (igual que el Wolverine de X-Men), pero también queda con la cara completamente desfigurada. Convertido en Deadpool, el anti-héroe tratará de encontrar al hombre que le hizo eso.

Deadpool 3

Tal es la desfachatez de Deadpool que no sólo critica a la vez que homenajea las películas de su propio universo y del rival, sino que tampoco parece que se tome demasiado en serio a sí misma. Por desgracia, y a pesar de desmarcarse de otras películas del género con una autocrítica tan ácida, la ópera prima de Tim Miller termina por construirse argumentalmente a partir de tópicos de esas mismas cintas. El trabajo de guion (curradísimo por parte de Rhett Reese y Paul Wernick, sea dicho) brilla en la construcción de gags ingeniosos -a veces hasta graciosos-, pero fracasa en el desarrollo argumental de una historia que únicamente adquiere cierta complejidad a través de una impostada estructura narrativa que recurre a prolongados flashbacks en gran parte del metraje. Otras cintas análogas tampoco salen especialmente bien paradas en este aspecto, pero la planicie argumental de Deadpool es cuando menos llamativa. Es obvio que esto va ligado a la falta de pretensiones de la propuesta, y que es consecuencia directa del “todo vale” que marca la libre narración del propio protagonista, cuyas constantes fracturas de la cuarta pared son uno de los puntos fuertes de la película.

Deadpool 2

La elección de Tim Miller como director -un paquete sobrevalorado según los créditos iniciales- no podría haber sido más acertada, pues exprime a la perfección el escaso presupuesto del que disponía (58 millones son una ridiculez para una producción de estas características) y permite que Deadpool luzca prácticamente igual de bien que sus hermanas. Las escenas de acción están estupendamente coreografiadas, y la película se siente ágil durante sus 108 minutos -que ya de por sí es una duración menor que la standard-. Por tanto, el novel Miller se comporta de manera sobresaliente.

Una pequeña pega que ponerle a una película cuyas virtudes logran atenuar en todo momento los defectos, es que es igual de sexista (por no decir machista, que suena bastante feo y ofensivo) o más que otras películas del corte, por mucho que algunos chistes sobre la pansexualidad parezcan indicar cierta transgresión. Para darse cuenta de esto no hay más que ver el (nulo) tratamiento de los personajes femeninos (ahora me diréis que si es fiel al cómic, que si bla, bla, bla…). En determinado tipo de cine esto está normalizado y rara vez se toma como una pega, pero aquí se junta este factor con lo desaprovechados y desafortunados que están los secundarios. Sólo Morena Baccarin demuestra carisma y presencia en pantalla, ayudándose de la gran química que mantiene en todo momento con un Ryan Reynolds sorprendente. Se ríe de sí mismo y de todo/s, en un personaje chulesco y hablador que defiende con gracia y naturalidad lleve puesta o no la máscara.

Deadpool 4

Sin ser nada del otro mundo, ni siquiera esa película anti cine de superhéroes que podría pretender ser, Deadpool supone un soplo de aire fresco para una cinematografía agotadora por su repetición. El humor en Deadpool -sin duda su arma más valiosa- se divide en dos grupos claramente diferenciados de chistes: los autorreferenciales (o meta en general) y los escatológicos. Los primeros funcionan a la perfección, incluso nos dejan algunos de los momentos cómicos de los últimos años. Los segundos, por el contrario, sobrepasan el límite del buen gusto y hasta provocan vergüenza ajena.

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