Críticas, Estrenos

Zoolander No. 2 – Contextualizar el pasado

El subgénero de la parodia ha sido damnificado a lo largo de los últimos años. Allí donde triunfaron los Monty Python o donde el trío formado por Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker compuso algunas de las mejores parodias en la década de los 80 –como Aterriza como puedas o Top Secret! –, actualmente se encuentra plagado de una ingente cantidad de… ¿directores?, por llamarlos de alguna manera, que vierten y comprimen su basura y su mal gusto en insultos de 80 minutos de duración. Los responsables y el germen de esta desgracia tienen nombre y apellidos: Jason Friedberg y Aaron Seltzer. Estos dos iluminados, tras el éxito de Scary Movie –participaron en la escritura del guion junto a los hermanos Wayans, Buddy Johnson y Phil Beauman–, pensaron en seguir explotando la gallina de los huevos de oro con una oleada de películas paródicas absolutamente bochornosas. Por esta razón, no puedo sino aplaudir a Ben Stiller por dirigir Zoolander 2, quince años después de su primera parte, en un momento en el que este subgénero está muerto.

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A modo de resumen, la cinta comienza con una secuencia que informa de los acontecimientos desde el final de la primera parte hasta la fecha actual. Lo que han hecho Stiller y sus guionistas –entre los que se encuentran Nicholas Stoller y el grandioso actor Justin Theroux–, es recuperar  gran parte de los gag clave de su predecesora y contextualizarlos en la cultura moderna. Derek Zoolander y Hansel siguen anclados en la época en la que se convirtieron en estrellas mundiales de la moda. Pero, en la actualidad, están olvidados. En su intento de recuperar la fama, entrarán en un conflicto con una jerga que no dominan y con una corriente hípster.

A pesar de la inteligencia que desborda en lo mencionado en el anterior párrafo, también existe una falta de originalidad en diferentes puntos de la película. Para que no se genere un estancamiento, en vez de recurrir a gag pocos inspirados –como muchas otras películas suelen hacer–, Stiller incorpora una gran cantidad de cameos totalmente inesperados. A los ya conocidos Justin Bieber o Benedict Cumberbatch, que hacían aparición en el tráiler, se le unen algunos totalmente sorprendentes y que, obviamente, no mencionaré a ninguno de ellos para no eliminar el efecto buscado y deseado por su director. También mencionaré que la cinta posee distintas sub-tramas que complementan en gran medida al conjunto y se enriquece, pero debido a que no se hacen mención alguna a estas en el tráiler y en la sinopsis, tampoco las desvelaré.

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Su eclecticismo a la hora de componer la parodia sigue funcionando. En este aspecto –y también en general– es una película mucho más pulida. Los homenajes a otras películas resultan más sutiles y fluidos, como a los thrillers de la saga Jason Bourne –casi pareciese que era Greengrass el que se encuentra tras las cámaras en esos momentos– o a otras cintas como El código Da Vinci. Además de algunos homenajes verbalizados como a The Rocky Horror Picture Show.

El público suele calificar las comedias en función de las carcajadas que le haya producido. Como esto es algo puramente subjetivo, no debería mencionar que considero a Zoolander 2 una película hilarante, pues los gags que a mí me puedan generar un sentimiento cómico, a otra persona le podrá parecer bochornoso. Pero el simple hecho de componer una parodia con una inteligencia, que es algo que hacía más de una década que no se veía, es digno de elogio.

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