Críticas, Estrenos

El hijo de Saúl – Horror difuminado

Steven Spielberg con La lista de Schindler, Roman Polanski con El pianista, Elem Klimov con Masacre: ven y mira, etcétera. Incluso en la mini-serie de televisión Hermanos de Sangre. El holocausto judío, además de ser uno de los episodios históricos más deshumanizadores, turbios y desesperanzadores, también ha sido llevado multitud de veces a la gran pantalla. Diferentes perspectivas en películas que funcionaban a su vez como documentos históricos. El hijo de Saúl usa este contexto histórico para adentrarse en uno de los campos de concentración de los nazis durante la II Guerra Mundial, más específicamente en Auschwitz. Una obra que intenta recrear una experiencia cercana y palpable de aquel horror.

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En Auschwitz, existía un grupo formado por prisioneros llamado Sonderkommando. Estos prisioneros –que se los distinguía de los demás por tener pintada una gran X de color rojo en la espalda– eran obligados a trabajar al servicio de los nazis en las cámaras de gas y en los crematorios. Dentro de este grupo surge la figura de Saúl, un prisionero húngaro que, en una de sus jornadas de trabajo, encuentra el cadáver de un niño. Como si encontrase en ese pequeño cuerpo inerte algún tipo de salvación moral, Saúl lo adoptará y emprenderá una ardua odisea en la búsqueda de un rabino para poder ofrecerle un entierro digno.

László Nemes, que se formó a las órdenes del renombrado director húngaro Béla Tarr, debutó tras las cámaras con un cortometraje llamado With a Little Patience. Es interesante su visionado previo a la ópera prima. El corto comparte contexto con el largometraje, pero desde otra perspectiva. En él, una oficinista realiza su trabajo diario cuando de pronto se levanta a mirar la ventana, al bosque que hay en el exterior y observamos el horror. De este mismo bosque es de donde surge Saúl al comienzo del largometraje.

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El hijo de Saúl es una búsqueda de la esperanza en la muerte y en la barbarie. Nemes, mediante el fuera de foco, difumina el fondo y todo lo que acontece en ese campo de concentración, y coloca la cámara permanentemente en la nuca del protagonista. De esta forma, el sonido en fuera de campo se convierte en el principal elemento narrativo a la hora de que el espectador –que será necesario una gran implicación por su parte– pueda recrear parcialmente el horror.

Sorprende su dinamismo, siendo una obra compuesta casi en su totalidad por planos secuencia. En este aspecto, recuerda al virtuosismo del cineasta mexicano Alfonso Cuarón en Hijos de los hombres, además de que son cintas en las que se pueden encontrar algunos paralelismos. En ambas, el escenario es un lugar en descomposición y el eje central es un hombre indiferente frente al contexto de su situación. Mientras que en la película de Cuarón, ese personaje encontraba esperanza en la protección de una mujer embarazada, en la de Nemes lo encuentra en el cadáver de un niño. Distintas perspectivas en la búsqueda de una salvación moral: desde la vida y desde la muerte.

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Dejando de lados las virtudes de la cinta, El hijo de Saúl puede generar algo de tedio en ciertos espectadores, como es el caso del redactor que escribe estas palabras. La ausencia de progreso en su propuesta formal, muchas veces recurriendo a sacrificarla para mostrar imágenes que no suponen una aportación narrativa significativa, termina por saturar y genera una búsqueda por mi parte de algo a lo que agarrarme fuera de la estética para poder generar el interés que Nemes es incapaz de conseguir.

El debut de László Nemes es uno de los que más expectación está generando en los últimos años, además de la cantidad de conjeturas que se están creando respecto a la temporada de premios. No sólo se llevó el Gran Premio del Jurado y el premio FIPRESCI en el pasado festival de Cannes, sino que además es la candidata por Hungría a los Oscar, siendo la clara favorita para alzarse con el galardón. Pero además, también se rumorea la posibilidad de que compita en la categoría de Mejor Película –la última cinta de habla no inglesa que consiguió un doblete en las nominaciones fue Amor, de Michael Haneke–, incluso que también pueda ser recompensada con la estatuilla. Dejando de lado esto, El hijo de Saúl es una llamativa carta de presentación por parte de Nemes al mundo cinematográfico.

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