Críticas, Estrenos, Festival de San Sebastián 2015

El hijo de Saúl – Trasfondo y contexto

Con este texto no pretendo hacer una crítica de El hijo de Saúl. Estas líneas vienen motivadas, sobre todo, por la variación sustancial de mi opinión acerca de la misma. También por la disparidad de opiniones que la cinta ha deparado, cuyos argumentos -positivos y negativos- me parecen cuestionables en su mayoría. Ayer, tres meses después de disfrutar de ella en el Festival de San Sebastián, tuve la oportunidad de revisionarla con motivo de su preestreno en el Círculo de Bellas Artes. Si bien debo admitir que la película me gustó mucho en su primer visionado, es importante destacar el hecho de que se me había ido cayendo con el paso del tiempo. No hasta el punto que lo ha hecho con el revisionado, desde luego. Es por eso que existían posibilidades de que tuviera lugar un notorio cambio de opinión, por lo que no ha sido ninguna sorpresa.

Saúl 2 bis

Creo necesario aclarar que El hijo de Saúl no me parece una mala película, y dudo mucho que me lo vaya a parecer nunca. Pero cuando la película en cuestión ha fascinado tanto a la crítica y al público (incluso a intelectuales comprometidos con el Holocausto), es totalmente normal que opiniones tibias sean tomadas como negativas. Así, haciendo caso a la anterior aclaración, podemos decir que mi opinión de El hijo de Saúl es negativa. En no pocos textos he leído que la propuesta formal de László Nemes es inmoral y falta de ética. ¿Inmoral por desenfocar el Holocausto en vez de mostrarlo, como si nos encontrásemos en la piel del protagonista? No lo creo. Es totalmente coherente (sobre el papel, sea dicho). Y es ahí mismo donde también discrepo con aquellos que hablan de esta película como una obra que ofrece una nueva mirada sobre el Holocausto. Ya no hablamos de la propuesta formal, cuya innovación sería igualmente discutible, sino de que la cinta ofrece algo nuevo sobre una temática que ni siquiera llega a abordar. Porque, ¿acaso esta misma historia -la de Saúl, indiscutible eje central de la narración- no hubiese podido darse en otro contexto? El hijo de Saúl se desarrolla en el Holocausto, pero no es una película sobre el Holocausto. O, aun siéndolo, éste no sería nunca su principal trasfondo. Quizá sea eso, además del fuera de foco, lo que implica que las críticas negativas a esta película lleven implícito esgrimir argumentos relacionados con la inmoralidad.

Saul 1

Hablemos de la (in)coherencia interna, talón de Aquiles de la película y culpable de sus problemas narrativos. Dejando a un lado la premisa, que por muy descabellada que pueda parecer supone la justificación de que esta película exista, molestan las torpes decisiones mediante las cuales la trama se ve obligada a avanzar -o o al menos eso debería hacer-. Intuyo que el libreto del propio László Nemes y Clara Royer no está todo lo trabajado que debiera, pues confían prácticamente todo el peso de la cinta a su meritoria puesta en escena. El fuera de foco, al menos en principio, es coherente. El horror, patente a través del aprovechamiento del sonido fuera de campo y el uso del fuera de foco -que desenfoca, pero no por ello elimina-, pasa a ocupar un segundo plano a ojos de nuestro protagonista -y, por tanto, a los del espectador-, que emprende la incomprensible búsqueda de un rabino para dar sepultura a un niño que toma como su hijo. No creo que el hijo sea suyo, ni siquiera que Nemes quiera sembrar la duda, pues su importancia es nula. Sin embargo, aparecen incoherencias cuando la cámara, siempre pegada al protagonista, bien por delante, bien por detrás, se aleja mínimamente de su figura para mostrar sin aparente justificación una matanza. Es aquí donde creo que El hijo de Saúl chirría en cuanto a sus verdaderas intenciones formales y de contenido. Y ese para mí no es su único problema, pero quizá sí el punto hacia el que quería llegar con este texto. Por otro lado, la asfixia momentánea que se puede sentir durante parte del visionado, termina por convertirse en tedio en otras ocasiones.

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En definitiva, no me parece que El hijo de Saúl sea una cinta innovadora ni cinematográfica ni temáticamente hablando. No consigue dejar en mí ningún poso (en este aspecto, las sensaciones fueron idénticas tras el primer visionado), quedando enormemente limitada a la experiencia que supone. Como experiencia sensorial es sugestiva, pero su componente emocional no deja huella en mí, ni siquiera manipulando con cierta efectividad en su final.

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