Críticas, Estrenos

El mundo abandonado – Retratos perdidos

El mundo abandonado está inspirada en un hecho autobiográfico de la propia directora alemana Margarethe von Trotta. Sophie es una cantante de jazz muy poco valorada en los locales en los que actúa, teniendo que recurrir a trabajos totalmente ajenos a su verdadera profesión para poder vivir. Un día recibe una llamada de su padre en la que le comenta que tiene que mostrarle un importantísimo hallazgo mientras ojeaba un periódico estadounidense. El hallazgo en cuestión es el descubrimiento de una cantante de ópera llamada Caterina Fabiani, que guarda un grandísimo parentesco con su mujer y madre de Sophie, que recién falleció hace un año, lo que la obligará –persuadida por su padre– a viajar a Nueva York a descubrir qué relación existe entre esa mujer y su figura maternal.

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Tan sólo con degustar su presentación de personajes y su consiguiente desarrollo del guion, el regusto es de un telefilm bastante poco inspirado. Pero quizá por la fuerte implicación del material en la vida de la directora, ella insiste en la búsqueda de una atmósfera –el uso de la música es buena muestra de ello–, pero nunca termina de definirse. Dejando de lado buscar un melodrama sobre dos mujeres que se desconocen pero están ligadas por sangre, von Trotta busca más crear un drama psicológico, usando el vacío de información del pasado como motor de la trama. El resultado no es para nada modélico ya que la cinta acarrea demasiados fallos en su trabajo de dirección: reiteración de escenas que no tienen ningún tipo de justificación narrativa, un uso muy poco profesional de la elipsis, un anticlímax poco inspirado que roza la parodia, al igual que ciertos diálogos y situaciones de la película, etc. Pero descontando ciertos desajustes en el ritmo de su tercer acto, no es complicado seguir su trama con un mínimo de interés.

Donde mayor talento se puede vislumbrar es en la manera de tratar a los personajes. El mundo abandonado nos habla, en cierta manera, del destino y cómo este termina condicionando el presente y el futuro. Aquel que fue repudiado en el pasado y convertido en un mártir, ahora puede gozar de aquello que se le arrebató en su día. Aquel que hostigó a sus semejantes, sufrirá el martirio de vivir en soledad y tener que sufrir de manera redundante el recuerdo de su culpabilidad. La ambigüedad en ciertos fragmentos del relato incrementa ese martirio que padecen algunos de los personajes.

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El mundo abandonado no es una película fascinante en su conjunto, a pesar de que posea ideas poderosas y unos últimos 10 minutos muy contundentes. Si esa atmósfera que von Trotta intenta construir hubiese tenido resultado, tendríamos una cinta asombrosa –a pesar de que su guion se asemeje demasiado a un telefilm, como mencionaba anteriormente–. Es una pena que no haya sido así, pero en mi caso no estoy descontento con el resultado final. Imperfecta pero convincente.

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