Críticas, Estrenos

Macbeth – Defectos por el exceso

No sabría decir si la adaptación cinematográfica de Macbeth a cargo de Justin Kurzel es una buena o una mala película. Esto es debido, básicamente, a que todos los departamentos funcionan maravillosamente por separado, pero, sin embargo, el conjunto no me resulta ni mucho menos satisfactorio. Esta transmisión de la dramaturgia Shakespeariana al lenguaje fílmico con tan impostado tratamiento visual no parece preocupada por lograr una conjunción adecuada de todos los elementos. El resultado es tan desigual que, aun encontrando momentos excepcionales de lo que podríamos llamar puro cine, Macbeth es un trabajo que roza la mediocridad. O al menos esa es mi sensación tras un primer visionado.

Macbeth 3

Creo estar viendo dos películas simultáneamente durante todo el metraje. Una es la de la historia de Macbeth, una fiel adaptación a la obra de Shakespeare, la cual transmite una peligrosa sensación de literalidad. La otra, mucho más atractiva en primera instancia, es la de su puesta en escena. La de su montaje, su uso de la música y sus ralentís. La conexión entre ambas no se produce en ningún momento, por lo que Macbeth es una película de destellos, de ráfagas de talento tras las cámaras pero narrativamente torpona.

El apartado visual de la película es notable, sobre todo gracias al trabajo fotográfico de Adam Arkapaw, que hace un uso constante -y coherente- de la niebla y el color rojo. El problema principal de Macbeth, y lo que se encarga de mermar sus posibilidades de cohesionar forma y fondo, es que parece que el principal objetivo de Kurzel no es otro que epatar. Su constante y agotadora grandilocuencia es prueba firme de ello. Y esa inconexión entre departamentos se traslada al interior de los mismos, imposibilitando así cualquier atisbo de química entre una pareja protagonista en la que cada uno tiene o parece tener su propia lucha. Los guionistas se toman la licencia de añadir la pérdida de un hijo por parte de la pareja, lo que no sólo se encarga de justificar sus futuras decisiones, sino que además condiciona por completo el desarrollo dramático de Lady Macbeth.

Lady Macbeth (Marion Cotillard)

Las interpretaciones son en su mayoría solventes, sin alardes. Fassbender construye muy bien su personaje, trasmitiendo a la perfección sus inquietudes en todo momento, en una interpretación que, a pesar de su importante carga de diálogos, destaca por su componente físico. Cotillard, sin embargo, no consigue brillar como una Lady Macbeth un tanto desdibujada. Pero sería injusto culparla, pues sus esfuerzos evitan un ridículo que en determinados momentos se torna demasiado cercano.

A pesar de estar estupendamente coreografiada -algo que es indudable- y de regalarme algunos momentos de verdadera fuerza y belleza, Macbeth no es más que una película aceptable. Es un producto que nunca deja de oler a prefabricado, y cuyos esfuerzos -y méritos- visuales no compensan el tedio que puede llegar a provocar. Pero lo peor de todo, y quizá lo que determina mi tibia opinión final, es que mis emociones se mantienen intactas a lo largo del visionado. Macbeth es una película que me resulta artificial, que no me dice nada y que además me va gustando menos con el paso del tiempo. Ahora valoro mucho más Trono de Sangre, la adaptación de Macbeth dirigida por Akira Kurosawa, que en su día no me gustó tanto como esperaba. Pero Kurzel no es el director nipón.

Macbeth (Michael Fassbender)

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